Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
EL BRINDIS DEL BOHEMIO
En torno de una mesa de Ladrones,
una noche de invierno,
regocijadamente departían
seis cientos alegres bohemios.
Los ecos de sus risas escapaban
y de aquel Partido sin macula
iban a interrumpir el imponente
y profundo silencio.
El humo de olorosos cigarrillos
en barrilitos se elevaba al cielo,
simbolizando al resolverse en nada,
la vida de los sueños.
Pero en todos los labios había risas,
corrupción en todos los cerebros,
y, repartidas en la mesa, copas
pletóricas de ron, whisky y hipocresía.
Era curioso ver aquel conjunto,
aquel grupo de indolentes,
del que brotaba la palabra chusca,
la que vierte veneno,
lo mismo que, melosa y delicada,
la música de una Tebaida Lirica,
De su mentol y guía, Joaquín Balaguer
A cada nueva libación, las penas
del pueblo se veían más lejos del grupo,
y nueva inspiración llegaba
a todos los cerebros,
con el idilio roto que venía
en alas de las mentiras.
Olvidaba decir que aquella noche,
aquel grupo Apátridas
celebraban entre risas, libaciones,
chascarrillos y versos,
la agonía de un año de amarguras
y dolor dejado en todos los pechos,
y la llegada, consecuencia lógica,
del “Infeliz Año Nuevo”...
Una voz varonil dijo de pronto:
—Las doce, compañeros;
Digamos el Viva Leonel” por el año
que ha pasado a formar entre los muertos.
¡Brindemos por el año que comienza con Danilo!
Porque nos traiga ensueños;
porque no traiga su equipaje un cúmulo
de amargos desconsuelos...
—Bebo y Brindo, dijo Feliz el Gato,
por la esperanza
que a el robo nos lanza,
para vender a ultranza los bienes del pueblo,
por la Impunidad, nuestra dulce amiga,
que las penas mitigan
y convierte en vergel nuestras riquezas.
Brindo porque el pueblo no haya puesto fin
a mi existencia asquerosa
con violencia
esgrimiendo en mi frente mi venguenza;
si en mi cielo Morado limpio y divino
no alumbrara mi sino
una pálida estrella: Mi esperanza.
—¡Que cojones! Dijeron todos, inspirado.
esta noche has estado
y hablaste bueno, breve y como un defalcador.
El turno es de Rúa; alce su copa
Y brinde por...Todo el dinero que ha acumulado,
Ya que su estilo es delicioso...
—Bebo y brindo, clamó el Malandrín;
brindo por mi pasado,
que fue de luz, de amor y de alegría,
y en el que hubo Fortunas seductoras
y frentes soñadoras
que se Confabularon con la frente mía...
Brindo por el ayer que en la amargura
Lleno de chancletas y cordones sucios y
que hoy cubre de negrura
mi corazón, esparce sus consuelos
trayendo hasta mi mente aquellos callejones
llenos de goces, de ternuras,
de dichas, de deliquios, del cual no quisiera, coño volver.
—Yo brindo, dijo Leonel, porque en mi mente
brote un torrente
de inspiración y Cuarto,
porque vibre en las cuerdas de mis bolsillos
el verso que suspira,
que sonríe, que canta y que enamora.
Brindo porque mis ambiciones cual saetas
Lleguen hasta las grietas
Formadas de oro y de granito
Del corazón del pueblo
Que a desdenes me agrada...
¡pero que tiene un cuerpo muy bonito!
Porque a su corazón llegue mi canto,
porque enjuguen mis bolsillos
sus manos que me causan embelesos;
porque con creces mi pasión me pague...
¡vamos!, porque me embriague
con el divino néctar de sus sacrificios.
Siguió la tempestad de frases vanas,
de aquellas tan humanas
que hallan en todas partes acomodo,
y en cada frase de entusiasmo ardiente,
hubo ovación creciente,
y libaciones y reír y todo.
Se brindó por la Patria, por las mansiones,
por las torres en que vivimos como jeques Arabes y
que hacen un valladar de una ventana,
y por esas pasiones voluptuosas
que el fango del placer llena de rosas
y hacen de Quisquella la gran cortesana.
Sólo faltaba un brindis, el de Andres.
El del bohemio puro,
De noble corazón y gran faldiqueras;
Aquél que sin ambages declaraba
Que solo ambicionaba
Robarle al pueblo la riqueza.
Por todos estrechado, alzó su copa
Frente a los alegres truanes
Desbordante de risas y de contento;
Los inundó en la luz de una mirada,
Sacudió su melena alborotada
Y dijo así, con inspirado acento:
—Brindo por las Torres, más no por ésa
en la que halláis malversación de los fondos publico
rescoldo del placer ¡desventurados!;
no por esa que solo os brinda sus hechizos
cuando visitais sus Jacuzzis
artificiosamente perfumados.
Yo no brindo por ella, compañeros,
siento por esta vez no complaceros.
Brindo por el Jet Privado que tengo
y por el solo brindo.