Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
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El dulce encanto del poder: solo Danilo salva
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POR ALFONSO TORRES Y ANSELMO MUÑIZEN ENFOQUE POLÍTICO— 5 ABR, 2015 Danilo y Leonel ¿Interrogar la realidad o interpretarla? Antes de que la física cuántica descubriera que el acto de medición de una partícula cambiaba aspectos fundamentales de su realidad, las ciencias sociales ya habían establecido que el acto de medición de la realidad social modifica la realidad estudiada. El empleo de métodos estadísticos para medir la coyuntura política implica una acción comunicativa que genera un producto concreto (aunque sea inmaterial): una pieza de conocimiento que no solo refleja la realidad, sino que al mismo tiempo la transforma. Afirmar que los cientistas políticos “interrogan” la realidad social es asumir que las estructuras sociales están dotadas de un significado inherente, predeterminado, trascendente y objetivo, y que por lo tanto solo habría que descubrirlo. Esta tendencia, propia del positivismo y el neo-positivismo, ignora, muchas veces intencionalmente, que la producción del conocimiento social implica, necesariamente, una labor de interpretación de los datos obtenidos por diferentes métodos, dotándolos de un significado que originalmente no tienen. Dicho con otras palabras, el conocimiento de las ciencias sociales se construye mediante un proceso interpretativo que parte de la facticidad del hecho, y le dota de un contenido social (significado) para hacerlo inteligible. Es esto precisamente lo que nos permite, más que interrogar la realidad social, transformarla a través de la reinterpretación (G. Vattimo). “Ciertos sectores de la intelectualidad interpretan las mediciones de la coyuntura política como una señal de que Danilo Medina encarna hoy en día “el espíritu de la época” de la sociedad dominicana” Sin entrar en la vastedad de la literatura respecto a la construcción de los métodos de investigación científica y su relación con la “verdad objetiva”, se hace preciso indicar que en su libroConocimiento e interés publicado en 1968, Habermas devela los sesgos del positivismo al tratar de capturar el mundo de la vida. De acuerdo con el pensador alemán, el interés específico orienta en una determinada dirección la construcción del conocimiento de una ciencia, por cuanto “en la consecución del conocimiento en las ciencias empírico-analíticas, tales como biología, física, matemáticas, entre otras, prima el interés técnico por la necesidad de dominar”. En ese orden, cuando se obtiene, con base en las encuestas, que más del 60% del electorado dominicano prefiere a Danilo Medina, esto se corresponde con una facticidad desprovista de sentido. No es que sea absurdo, es simplemente que carece de significado. La labor del científico social o político es dotar esa facticidad de contenido, o mejor, de un significado que pueda expresar un mensaje o, dicho de otro modo, de un conocimiento movido por un interés específico, por lo que la pretendida “objetividad” queda entre signos de interrogación. Esta labor es la que precisamente ha realizado y realiza un sector de la intelectualidad dominicana al interpretar los resultados de las encuestas como evidencia de que Danilo Medina ha puesto en práctica“políticas públicas que han logrado resultados positivos para enfrentar la desigualdad como el 4 % del PIB a la educación, banca solidaria, estímulo del cooperativismo y el asociacionismo”. Lo que se trata de mostrar como constatación empírica y numérica es que la mayoría prefiere a Medina debido a que, contrario a su predecesor, impulsa el progreso y el desarrollo del país. De ahí que lo anterior tenga una consecuencia de vital importancia, y es que todo significado adscrito a uno o varios datos sociales es contingente a la posición social que ocupa quien realiza la interpretación. Así, el presente texto pretende interpelar la lectura que, desde los científicos sociales al servicio de Danilo Medina, se pretende realizar con “objetividad” sobre las recientes mediciones de la coyuntura política dominicana, y proponer una “lectura” alternativa. El espíritu de la época: solo Danilo salva Como ya se dijo en la introducción de este texto, ciertos sectores de la intelectualidad interpretan las mediciones de la coyuntura política como una señal de que Danilo Medina encarna hoy en día “el espíritu de la época” de la sociedad dominicana. En una lectura de la historia social que parece seguir la visión heroica de T. Carlyle, estos intérpretes sociales ven en el presidente Danilo Medina al héroe que ha de liberar al pueblo dominicano de los males del “patrimonialismo” y de la política inmoral, guiándolo a un futuro próspero. La consecuencia inmediata de esa interpretación es que Danilo, como encarnación del espíritu de la época, constituye la reedición del relato progresista con el que el PLD se estrenó en el Estado en 1996, y del cual Danilo fue quizás el principal estratega y componedor. Con el ascenso al gobierno en 2012, el relato Danilista se movió hacia un enfoque en el cual el desarrollo histórico de la sociedad dominicana se ve obstaculizado por la consolidación de la hegemonía del sector leonelista, cuya política es presentada como del mismo tipo que la desplegada por el pepeachismo. En esa dirección, Danilo representa el único camino posible para liberar a la sociedad dominicana de ese lastre que es el “patrimonialismo”. “La popularidad de Danilo entre el electorado dominicano es indiscutible. Pero las razones que la explican, así como las consecuencias de esa popularidad, no lo son” Siguiendo ese enfoque, el problema político dominicano no se encuentra en la configuración de las relaciones de poder, sino en la moralidad de los gobernantes. Este relato presupone una forma técnicamente correcta de gobernar, que presumiblemente ha sido abandonada por funcionarios cuya idiosincrasia patrimonialista les lleva a anteponer sus intereses mercuriales al interés colectivo. En este relato no hay cabida a la crítica de los arreglos institucionales del Estado dominicano, ni a las políticas públicas puestas en marcha por el gobierno. Mucho menos se toman en cuenta las estructuras sociales de dominación y exclusión, el modo de reproducción de la vida social, los pactos implícitos de las elites y los privilegios que ostentan pequeños segmentos de la sociedad dominicana en detrimento del resto, lo único que importa es a quién se culpa del robo al Estado. En ese sentido, cabe recordar que Goethe, en boca de Fausto nos señala que el espíritu de la época “con frecuencia no es más que una miseria”. En efecto, Danilo como encarnación del espíritu de la época (el espíritu moralista de la lucha contra la corrupción) no es más que la miseria de la crítica política en nuestro país, incapaz de ver más allá de su propia nariz para criticar el proyecto de hegemonía peledeísta que ha absorbido la política dominicana. En la actualidad, tanto el gobierno como la oposición se hacen desde dentro del PLD, y los principales relatos de la sociedad civil y varios partidos contrarios al PLD son funcionales a uno u otro sector del partido-Estado. El electorado dominicano, entre lo actual y lo (im)posible Una lectura alternativa de los datos revelados por las encuestas más recientes y de mayor prestigio empieza por cuestionar específicamente qué mide el dato a interpretar. Las personas responden las encuestas en función del conocimiento al que tienen acceso en el momento preciso en el que se hace la pregunta. Así, los instrumentos de medición estadísticos nos dan el pulso de lo actual. Pero lo actual tiene dentro de sí el germen de su propia transformación, es decir, contiene la potencia de lo que es posible y a la vez imposible. La popularidad de Danilo entre el electorado dominicano es indiscutible. Pero las razones que la explican, así como las consecuencias de esa popularidad, no lo son. El futuro existe solo como una posibilidad (y a la vez como una imposibilidad). Lo actual es que Danilo es el candidato más popular, las posibilidades que se desprenden de esa actualidad son diversas. En primer lugar, la popularidad de Danilo coexiste con un alto nivel potencial de abstencionismo, indicando que hay amplios segmentos de la sociedad dominicana que se sienten insatisfechos con el sistema político. Asimismo, aún entre quienes se identifican con algún candidato, incluyendo a Danilo, existen amplios segmentos que expresan un gran descontento con el rumbo actual del país. En ese enmarcado, Danilo se presenta como el candidato más popular por defecto, o sea, “el menos malo”. Lejos de un liderazgo que suma, Medina tiene un liderazgo que no resta (o resta poco), contrario al de los demás candidatos cuyo liderazgo resta en demasía, incluyendo a Guillermo Moreno y Luis Abinader, que son los otros dos candidatos mejor posicionados. En ese orden de ideas, el liderazgo de Medina es una actualidad que se mantiene ante la falta de oposición. La oposición se ha convertido ella misma en una suerte de imposibilidad, por su incapacidad de cuestionar a fondo la política del gobierno de Medina, prefiriendo enfocarse en el terreno estéril de la moralidad. Además, algunos actores influyentes de la oposición han contribuido a construir la imagen de Danilo Medina como un líder diferente, moralmente, a Leonel Fernández, y han evitado criticar las políticas públicas del oficialismo, tampoco han propuesto ni proponen alternativas. Por otro lado, sería importante considerar que, como actualidad y futuro se juegan siempre dentro de los límites de la posibilidad y la imposibilidad, el liderazgo de Medina no se ha medido contra la posibilidad de una oposición agresiva, movilizada y sobre todo politizada. “Las encuestas revelan que el electorado dominicano sabe que la política nacional ha sido subsumida por la dinámica interna del partido de gobierno, y que por lo tanto, las elecciones del 2016 se disputan entre Leonel y Danilo” No es difícil apreciar que las tasas de rechazo que presentan los candidatos de la oposición están atadas ora al perceptible lastre del gobierno de Hipólito Mejía, ora a la inexperiencia de los candidatos más jóvenes. El desastre económico que resultó del gobierno de Hipólito Mejía permitió al PLD repotenciar el antiperredeísmo elitista de la época balaguerista. De igual modo, la carencia de discurso político adversarial en la oposición no solo siembra desconfianza en el electorado, sino que también hace aparentar a quien sea que esté en el gobierno (en este caso Danilo Medina) como la única propuesta posible y viable para mantener la estabilidad del régimen político. Sin embargo, no hay que olvidar que Danilo Medina presenta una larga lista de promesas incumplidas. Su gobierno no solo ha traicionado su propio discurso de la “revolución educativa”, el combate a la corrupción y la impunidad, crear más y mejores empleos, fortalecer un sistema de salud pública útil, y mejorar la calidad de vida del pueblo dominicano; sino que ha profundizado las desigualdades sociales al intensificar un sistema tributario retrógrada, ha intensificado la militarización de los barrios y la violencia contra los jóvenes de escasos recursos, al tiempo que ha sido incapaz en defender los derechos de los desnacionalizados, puesto que el plan de regularización o naturalización dispuesto por su gobierno ha sido un engaño y un evidente fracaso. Aun así, los principales actores de la oposición dan por válida la reducción cosmética de la pobreza presentada por el Presidente en su rendición de cuentas (ignorando los propios datos del gobierno), de igual forma, permanecen pasivos ante la falta de empleos, la violencia desatada por el Estado contra los jóvenes de los barrios marginados y el fracaso del plan de regularización o naturalización. Ante la falta de opciones coherentes y viables (que deben ser presentadas por la oposición) el mero hecho de mantener el gobierno a flote aparenta ser un mérito. Esto, unido al eco que se hace desde la lucha contra la impunidad al discurso danilista, contribuye a crear la percepción de que Danilo es distinto a Leonel y que de las dos opciones actuales (Danilo o Leonel) el primero es la mejor. Este es el trasfondo que explica la alta popularidad de Medina, a pesar de que el país sigue a la deriva. Nuestra interpretación es que las encuestas revelan que el electorado dominicano percibe que la política nacional ha sido subsumida por la dinámica interna del partido de gobierno, y que por lo tanto, las elecciones del 2016 se disputan entre Leonel y Danilo, y no entre el PLD y cualquier partido de la oposición. Ante este escenario, los marcos de referencia dominantes les indican a los votantes que la causa de los problemas del país se encuentra en la práctica patrimonialista de Fernández y su grupo, y que lo único que se necesita para resolver nuestros problemas es enfrentarse al grupo de Leonel. En consecuencia, desde ese punto de vista, lo más razonable es votar la opción que aparenta poder enfrentar más efectivamente al grupo de Fernández, marco implantado en el cerebro público por medio del conocimiento y los significados elaborados por los cientistas sociales al servicio de Danilo Medina, quienes trabajan con eficacia las técnicas de la comunicación movidos por el interés de seguir montados en el palo. http://nuestrotiempo.com.do/2015/04/05/el-dulce-encanto-del-poder-solo-danilo-salva/