En los últimos meses las asociaciones empresariales y sus técnicos han cacareado mucho sobre la necesidad de una reforma laboral para aumentar la productividad y reducir la carga laboral para las pequeñas empresas. Los “dirigentes empresariales” han argüido que la causa del alto porcentaje de nuevas empresas que fracasan en nuestro país se debe a la carga laboral, al tiempo que se han opuesto vehementemente a un aumento general del salario mínimo. En este artículo analizaremos brevemente cuatro falacias que sustentan el discurso de las asociaciones empresariales. Sin embargo, antes de pasar al tema, una advertencia: nuestra opinión es que las principales asociaciones empresariales como el CONEP o la AIRD no representan al empresariado dominicano, sino a una pequeña oligarquía que es parte del sistema mafioso que nos gobierna. La mayoría de los empresarios dominicanos, no tiene ni voz ni voto en las decisiones de la AIRD o el CONEP, ni en las demás asociaciones de este tipo. Dicho esto, pasemos al asunto objeto de este artículo.
Falacia 1. El problema del salario en nuestro país es la baja productividad de los trabajadores: En febrero de 2013 un informe encargado por el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Trabajo concluyó que en el notable crecimiento del PIB dominicano en los últimos 20 años tuvo su origen en una productividad laboral en rápido aumento, lo cual contrasta con el pobre crecimiento de los salarios y los niveles de desempleo relativamente altos (el informe puede ser accedido
aquí). Lo anterior implica que no es cierto que se paguen bajos salarios porque los trabajadores en nuestro país rinden poco, todo lo contrario, la productividad (y con ella la explotación) ha aumentado y ha sido el motor del crecimiento económico dominicano. Entre 2000 y 2011 el ingreso real promedio de los trabajadores cuentapropistas y del sector privado cayó un 27%, es decir que en términos relativos en el 2011 los trabajadores tenían un poder de compra 27% al que tenían once años antes, mientras tanto, eso implica una mayor ganancia para los empleadores que siguen teniendo igual o mayor rendimiento de sus empleados.
Falacia 2. El salario mínimo legal perjudica a los trabajadores: Si asumimos como válidas las premisas del libre mercado y la ley de oferta-demanda, debemos aceptar que los trabajadores compiten entre sí para obtener puestos de trabajo y una de las formas de esta competencia es aceptando un precio (salario) menor por su trabajo. De igual forma, los empleadores compiten entre sí y para ello deben reducir costos, incluyendo los costos de salario. Así la competencia entre los trabajadores y entre los emperadores empujarán el precio del trabajo (el salario) hacia abajo siendo el único límite el salario mínimo que se puede pagar antes de que al trabajador le salga más caro trabajar que estar desempleado. Es así, que en ausencia de un salario mínimo, las reglas del mercado empujarían a salarios de miseria.
Dicho sea de paso, esto tiene un impacto negativo en la capacidad de consumo del mercado local, por cuanto una masa de trabajadores que ganan salarios de miseria no pueden comprar gran cantidad de cosas. Esto perjudica la demanda agregada (compuesta en gran parte por los trabajadores) y limita el crecimiento de nuestra economía. Por el contrario, salarios más altos contribuyen a aumentar la demanda agregada, lo cual abre el camino para el crecimiento del mercado local (suponiendo que exista accesibilidad del crédito y otros incentivos adecuados para la producción local).
Por otro lado, es preciso aclarar que no todos los trabajadores reciben el salario mínimo de ley, es decir, que la discusión sobre el salario mínimo solo se refiere a los trabajadores más vulnerables (que si son la mayoría es culpa del propio sistema injusto que tenemos). Por lo que aumentar el salario mínimo no cambiará la situación de los asalariados que ya ganan por encima de ese salario.“Para extraer renta, esta oligarquía se contenta con recurrir únicamente a la sobreexplotación de los trabajadores, en especial los migrante, de los marginados y de los pobres en general”.
Falacia 3. El problema de las pequeñas empresas en nuestro país es la carga laboral, incluyendo el salario: Como ya señalamos, salarios más altos podrían contribuir al desarrollo del mercado local, por lo que no necesariamente son un constreñimiento para las empresas pequeñas. En realidad, la crisis energética de nuestro país es un mayor lastre para las pequeñas empresas que la “carga laboral”. En nuestro país se paga una electricidad exageradamente cara y con interrupciones constantes al servicio. Mientras los grandes consumidores pueden contratar directamente con las generadoras, los pequeños están atrapados en un sistema ineficiente e injusto. Los apagones, obligan a los negocios y empresas pequeñas a gastar dinero en generadores auxiliares y combustibles (también muy caros y de mala calidad) para esos generadores.
Otro problema que enfrentan los pequeños empresarios es la estructura oligopólica de varios mercados en nuestro país, y la competencia desleal que hacen los grandes empresarios con “amarres” en el gobierno. La élite empresarial y muchos dirigentes del partido de gobierno, utilizan su influencia en el gobierno para obtener beneficios y privilegios que les otorgan una ventaja injusta sobre los empresarios pequeños o nuevos. En vez de dirigir sus ataques al sector de los trabajadores, si los “líderes empresariales” en nuestro país no fueran cómplices de la corrupción pública y privada que sustenta este sistema injusto, enfilarían sus cañones contra los privilegios que sustentan las ineficientes estructuras productivas de oligarquía nacional.
Un tercer problema que enfrentan los pequeños empresarios es la estructura impositiva dominicana, que se sustenta en impuestos al consumo y no en impuestos directos. Para más, el ITBIS hay que pagarlo por adelantado, lo cual es una locura.
Falacia 4. Aumentar el salario mínimo genera desempleo: Los “dirigentes empresariales” dominicanos todavía se aferran a la doctrina del neoclasicismo económico a pesar de que la academia tiene décadas produciendo investigaciones que desmontan las premisas de esa doctrina. Para ser justos, la mayoría de las escuelas de economía más establecidas se rehúsan a aceptar que los tiempos han cambiado, provocando el que el desarrollo académico de la economía actual se de fuera de las escuelas de economía, en escuelas eclécticas y multidisciplinarias.
En fin, el aumento del salario mínimo solo produce desempleo en un modelo (imaginario) bidimensional donde los únicos factores existentes son la oferta y la demanda, entendidas como vectores unidireccionales. Afortunadamente, la realidad es multidimensional, y en la actividad económica interfieren múltiples factores, y ninguno de ellos son vectores unidireccionales. En el caso dominicano, tal como se demuestra en la falacia 1, el nivel de productividad laboral ha aumentado constantemente, lo que quiere decir que la economía está en capacidad de pagar mejores salarios de los que paga.
Más aún, el desempleo es afectado por una gran cantidad de variables además del salario, como lo son los elementos que destacamos en la falacia 2. Asimismo, un aumento escalonado, pero sostenido, del salario mínimo puede acompañarse con una reforma del sistema crediticio para abaratar el costo del crédito y aumentar la producción local. De igual forma, el salario puede aumentarse de manera indirecta, mediante el abaratamiento de los costos del trabajo (es decir, otorgando servicios públicos de calidad y asequibles; subsidiando la producción agrícola para abaratar los costos de la comida; revolucionando la educación pública para aumentar la capacitación de los trabajadores; entre muchísimas otras cosas). También el salario podría aumentarse atado al desarrollo de un modelo de industrialización para la exportación que sustituya a las zonas francas (cuyo fracaso rotundo se origina en su propia lógica de pagar bajos salarios y limitarse a procesos que no requieren transferencia tecnológica y de conocimiento).
Colofón: La oligarquía dominicana no ha sido capaz de desarrollar un aparato productivo pujante, sino que se ha contentado con vivir como parásito del Estado, de acuerdo con los gobierno de turno. Para extraer renta, esta oligarquía se contenta con recurrir únicamente a la sobreexplotación de los trabajadores, en especial los migrante, de los marginados y de los pobres en general (mediante un proceso continuo de acumulación originaria por desposesión y explotación directa en el proceso de circulación del capital). El capital es un modo de producción basado en la explotación, y eso no se lo despinta nadie, pero la explotación tiene diversas intensidades, y hay formas más o menos justas de administrar una economía capitalista.