Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
Pedro Padilla Tonos
Preocupados por nuestro país, en los últimos tiempos nos hemos esforzado por hacer públicas, a través de escritos en los periódicos nacionales, nuestras reflexiones sobre la situación presente y el devenir de la República Dominicana.
Hemos analizado con detenimiento y objetividad nuestra realidad, haciendo especial énfasis en nuestras instituciones y en nuestra democracia; hemos tomado conciencia de nuestra situación política, económica, social y moral; hemos evaluado con sumo cuidado los efectos del deterioro que en todos los órdenes ha sufrido nuestro país en estos últimos tiempos, resumidos en un gradual debilitamiento de las instituciones del Estado y en una fragilidad de nuestro sistema democrático.
Esos análisis y reflexiones nos han desconcertado. Todos los indicios hacían prever que se avecinaba un proceso de cambios que conduciría a preservar y defender la institucionalidad y la consolidación de la democracia. En lugar de ello, lo que tenemos es un gran desconcierto político, con cada vez más centralismo, más exclusivismo, más intolerancia, más corrupción, más delincuencia, más concentración del poder y una sociedad cada vez más secuestrada por los gobernantes y por algunos políticos mediocres.
Nos hubiese gustado poder constatar, en el aspecto político, un menor centralismo de parte de los detentadores del poder y que los más importantes funcionarios responsables de la gestión pública, actuasen como reales mandatarios al servicio de todos los ciudadanos, antes que estar al servicio de parcialidades políticas y preocupados por sus intereses particulares.
Nos hubiese gustado, en el aspecto constitucional, que existiese mayor autonomía de los Poderes del Estado en lugar de un profundo sometimiento de los mismos a los dictados del Poder Ejecutivo.
Nos hubiese gustado un mayor control de la gestión del patrimonio público de parte de las instituciones gubernamentales existentes para esos fines, con un adecuado control congresional, para evitar el despilfarro y el mal uso de los recursos del pueblo.
Nos hubiese gustado, en el aspecto administrativo, una mayor eficiencia, menos populismo y más justicia en la selección de los funcionarios y empleados encargados de la gestión del Estado.
Nos hubiese gustado, desde el punto de vista ciudadano, tener mayor seguridad personal y que no existiese tanta impunidad.
Nos hubiese gustado, en el aspecto social, que no hubiese tanta pobreza y desempleo y que contáramos con una mayor protección social.
Nos hubiese gustado, desde el punto de vista jurídico, un estricto respeto de la Constitución y las leyes y mayor seguridad jurídica.
Nos hubiese gustado, desde el punto de vista popular, una efectiva participación del pueblo, menos política partidista y un gobierno con una agenda no separada sino que marchase en la misma dirección y hacia los mismos objetivos que la agenda de la sociedad.
Nos hubiese gustado, desde el punto de vista económico, que en lugar de tanta propaganda sobre un supuesto crecimiento económico, hubiese mayor inversión social, distribución de la riqueza y formalidad económica y menos impuestos, menos endeudamiento público y menos carestía de vida.
Por el contrario, las perspectivas actuales no son nada buenas. Los que ocupan el poder se aferran en continuar con sus mismas políticas y prioridades. La oposición política entiende que ese proyecto ha fracasado y aspira legítimamente a ocupar el poder. El pueblo, pacientemente sufre mientras espera que se produzcan cambios que le auguren un mejor futuro.
Pero es el pueblo el que debe propiciar ese cambio. La oportunidad está en las elecciones de mayo del 2012. Ese es el momento propicio para liberarse del actual estado de cosas y buscar un nuevo camino, escogiendo nuevos gobernantes, con nueva forma de gobernar y comprometidos con todos los dominicanos, no solo con una parte de ellos. El pueblo es dueño de su propio destino.