Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
De entrada debemos decir que entre diplomacia y homosexualidad no hay ninguna incompatibilidad. La preferencia sexual de una persona no le afecta biológica ni legalmente para el buen desempeño de una función diplomática. Lo demás es cháchara jurídica y fanatismo religioso.
El nombramiento del señor James “Wally” Brewster como embajador norteamericano en la República Dominicana desató una gran controversia en el país a causa de su declarada homosexualidad.
Algunos religiosos, revestidos de fanatismo y fundamentalismo religioso, han llevado el caso hasta a los tribunales de la República, convirtiéndose en los hazmerreir del patio.
Hace pocos días un juez declaró inadmisible un recurso de amparo interpuesto por la Iglesia Evangélica Fuente de Salvación, en la persona del pastor Arismendy Debord, en contra del funcionario norteamericano. El pastor argumenta que el diplomático norteamericano promueve la homosexualidad en el país y, por consiguiente, se solicitaba a un tribunal prohibirle tal acción.
Desde que el señor presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, designara a Brewster como embajador, diversos sectores alzaron sus voces para repudiar tal designación.
Incluso, líderes de algunas Iglesias, entre ellas la católica, se pronunciaron en contra y llegaron a acusar al flamante embajador de intruso e irrespetuoso de las costumbres y de las leyes dominicanas. Hasta marchas para expresar su repudio han hecho algunos grupos religiosos, en especial iglesias predominantemente evangélicas.
Los sectores que han protagonizado estas protestas han tomado como arma, para su defensa, la legislación y las costumbres dominicanas y el derecho internacional público. Otros han tomado la Biblia como fuente de inspiración para su rechazo.
Por un lado, algunos juristas y catedráticos argumentan que un Estado de tradición cristiana, como es el nuestro, y que reconoce que el matrimonio se consuma en la unión libre y voluntaria de un hombre y una mujer, constituye una afrenta el beneplácito que solicitó el gobierno de los Estados Unidos a través del Departamento de Estado.
Esos sectores son del parecer que el gobierno dominicano nunca debió otorgar el beneplácito de estilo como embajador al señor Brewster y que debió darle larga al asunto, de tal manera que el gobierno norteamericano se viera en la obligación de sustituirlo por otra persona más en consonancia con las leyes y la cultura del pueblo dominicano.
Las iglesias, encabezadas por sus líderes, usan como herramienta la misma Biblia.
En el Antiguo y en el Nuevo Testamento, la condena a la homosexualidad es clara, pero la misericordia divina se impone al final de todo.
En el Génesis 19,5 dice: “Y llamaron a Lot y le dijeron: Dónde están los hombres que vinieron a ti esta noche?”.
En el Levítico 18,27 dice: “No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer”. Y en el capítulo 20,13 dice: “Si alguno se acuesta con varón, como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación: ciertamente han de morir. Su culpa de sangre sea sobre ellos”.
En la carta de Pablo a los Romanos, en su capítulo primero a partir del versículo 24, dice lo siguiente: “Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos”. Y prosigue:” pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza…..y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en sus lascivia uno con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres”.
Sin embargo, en la primera carta de Pablo a los Corintios 6,11, dice lo siguiente: “Y eso eran algunos de ustedes. Pero ya han sido lavados, ya han sido santificados, ya han sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios”.
Si a eso le agregamos el valor supremo que Jesucristo le da al AMOR al prójimo, sin importar su condición, no tenemos nada que agregar desde el punto de vista bíblico.
Pero hay algo más. Después de su llegada al país como embajador, el señor Brewster ha tomado algunas iniciativas que han molestado a algunos políticos dominicanos ubicados en el partido oficial, o sea, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Su reunión con los principales líderes de la oposición primero y después su pronunciamiento en torno a que no es favorable a la democracia que un partido tenga el control total de los poderes del Estado, no fue del gusto de los líderes peledeístas y de algunos de sus aliados.
De todas estas controversias se puede concluir, que un sector del pueblo dominicano y algunos líderes políticos y religiosos no están preparados para tolerar las diferencias y vivir con decencia en una sociedad diversa y moderna.
Ya van para dos siglos que Carlos Marx dijo que la religión es el opio de los pueblos. Cada vez que un líder religioso se comporta como lo han hecho algunos frente al caso del señor Brewster le dan la razón a Marx.
Eso no seguirá siendo así, cuando nosotros los creyentes entendamos que el amor, el perdón, la solidaridad y la tolerancia están por encima de los intereses y de los caprichos personales.