| Las dos caras de la primavera árabe, la de la esperanza y la del escepticismo, aparecieron en toda su dimensión en un hecho histórico que sucedió la semana pasada: en Egipto se celebró el primer debate presidencial televisado de la historia de la región. El “mano a mano” fue entre los dos grandes favoritos para acceder a la Presidencia: Amr Musa, ex secretario general de la Liga Árabe, y Abdel Moneim Abul Futuh, un islamista que durante tres décadas perteneció a los Hermanos Musulmanes, grupo del que fue expulsado el año pasado por desobedecer las directrices de su guía supremo y presentarse a las elecciones presidenciales. Para quienes sostienen que la espiral de revueltas que se sucedieron en varios países árabes y que en muchos casos provocaron la caída de regímenes autoritarios y represivos, es un proceso con buenas perspectivas de transformarse en una transición democrática, en un ejercicio de debate y de discusión pública abierto en Egipto que alienta esperanzas. Sin embargo, si se analiza el contenido y las expresiones de los candidatos durante el debate se encontrarán varios elementos para alimentar también a los escépticos, que predicen, entre otras cosas, consecuencias gravísimas para Israel ante el avance de los sectores que impugnan y quieren clausurar el acuerdo de paz firmado en 1979. El debate fue un hito en sí mismo y despertó una gran expectativa entre la ciudadanía: miles de egipcios llenaron los bares de las ciudades, sobre todo en El Cairo, para escuchar y ver a los candidatos. Fue un espectáculo impensable antes de las revueltas (hace solo un año y medio). El debate, que duró 4 horas y media, fue moderado por dos estrellas de la televisión egipcia, y se produjo en el tramo final de la campaña electoral, que ha entrado ya en sus últimas semanas. Los egipcios, que echaron a Mubarak gracias a una revolución popular, están convocados a las urnas para elegir a su sucesor los días 23 y 24 de mayo. Así como los candidatos expresaron sus diferencias en varios temas, compartieron opiniones sobre un punto en particular: ambos lanzaron proclamas en contra de Israel durante el debate y lo tildaron como un “adversario” (Musa) o “enemigo” (Abul Futuh) y esto no es un buen augurio. Estas expresiones públicas y masivas son más preocupantes aún si se tiene en cuenta que hace meses se viene registrando la penetración de grupos ligados a Al Qaeda en el Sinai ante la inacción de las fuerzas de seguridad egipcias. Son varios los analistas que advierten que si no se le pone un freno a esta situación, en pocos años, Egipto representará para Israel una amenaza más peligrosa que la que representa Irán hoy. Sin adelantarnos a los acontecimientos, compartimos la esperanza de ver a los países árabes, y a Egipto entre ellos, comenzando un necesario recorrido hacia la libertad y la democracia, pero también debemos estar alerta ante las posibles amenazas que el nuevo gobierno egipcio impliquen para Israel, reservándonos un resabio de escepticismo con miras al futuro. |