El país no tiene, o no aplica en caso de que lo tenga, un programa intensivo, permanente y serio de conservación de nuestras fuentes de agua. No parece existir a nivel nacional, y ni siquiera de alcance limitado, como serían políticas municipales enfocadas a evitar la contaminación de los acuíferos. A los ríos va a parar una gran porción de la basura que no recogen los gobiernos municipales. También va a los lechos fluviales el desperdicio químico industrial, sin que haya autoridad que lo impida.
Como acción de coyuntura, en tiempos del fenecido presidente Joaquín Balaguer se emplazó a las industrias que vierten residuos químicos a los ríos, que construyeran plantas de tratamiento para acondicionar las aguas antes de echarlas a los ríos y cañadas. Esto no pasó de una alharaca que no condujo jamás a los resultados deseables. Los ríos de Santo Domingo y Santiago son muestras de la falta de políticas de preservación de recursos hídricos.
El caso es que aunque se habla mucho de política de preservación ambiental, en la práctica esto es más mediático que real. La contaminación de los ríos crece con el paso del tiempo y esto delata la dejadez y la irresponsabilidad de todos los gobiernos que hemos tenido. La depredación en las cuencas de los ríos es un pecado ecológico que podríamos pagar muy caro. El agua hay que tomarla muy en serio.
UN CONTRASTE MUY CRIOLLO
La Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA), que da transporte de bajo precio a miles de ciudadanos de bajos ingresos, no tiene circulando el número de autobuses que debería tener para abarcar a más personas que lo necesitan. En cambio, tiene un cementerio de guaguas que se han convertido en chatarra por falta de cualquier pieza o por inadecuado mantenimiento. Generalmente se canibaliza una unidad para mantener funcionando a otra.
Pero la cosa es peor. Mientras faltan medios de transporte de precio módico, la Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) tiene unos 80 autobuses nuevos que se deterioran por el salitre en el estacionamiento de la Armada de la República Dominicana, en la base naval 27 de Febrero. Serían destinados a servir en las rutas alimentadoras del Metro, pero en casi dos años no han sido utilizados. Este es uno de nuestros absurdos contrastes.