Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
Funes el memorioso es un personaje de Borges que lo memorizaba absolutamente todo. Su memoria tenía tal profundidad, y tal nivel de detalle, que le permitía recordar, por ejemplo, “las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos” y compararlas, sin margen de error, con las que había visto en otros miles de amaneceres. Este don inventado, o quién sabe si atestiguado, por Borges, le llegó a Ireneo Funes a raíz de que se cayó de un caballo y se quedó tullido, pero a cambio le brotó una memoria prodigiosa. “La inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles”, nos cuenta el narrador y la imagen nos remite a esos hombres del siglo XXI, sentados, e inmóviles, frente a una pantalla de ordenador, con una memoria infalible de gigabytes, que disfrutan, como Funes, de una realidad mejorada, más precisa y brillante; esa realidad que los que seguimos con un pie en el siglo XX nos empeñamos en llamar “virtual”, sin darnos cuenta de que ya empieza a ser más real que la realidad, digamos, clásica.
En Japón, un país que por estar más hacia el futuro que nosotros deberíamos mirar con mucha atención, el sexo va cayendo en desuso. Las estadísticas indican que el 61% de los hombres no casados, y el 49% de mujeres, entre los 18 y los 34 años, no tienen ningún tipo de relación sentimental y, además, un tercio de las personas que tienen por debajo de 30 años nunca han salido con nadie del sexo opuesto. Según el mismo estudio, que publicó el diario inglés The Guardian, el 45% de las mujeres que tienen entre 16 y 24 años no están interesadas en el sexo o directamente lo desprecian. En general, de acuerdo con lo que apuntan estos números, el sexo físico interesa cada vez menos a la población japonesa menor de cuarenta años. Se ha especulado mucho sobre las causas de esta inapetencia colectiva, que ya ha sido sintetizada en el vocablo sekkusu shinai shokogun(síndrome del celibato), pero ninguna la explica del todo; se apunta a la carestía de la vida en Japón, que impide vivir en pareja y, por supuesto, tener hijos, pero también se dice que el tsunami hizo ver de golpe a la juventud japonesa que las relaciones personales son efímeras, porque está visto que pueden acabarse en la siguiente ola. La carestía y el tsunami explican la aprensión ante el futuro, pero no la inapetencia sexual porque el sexo, precisamente, suele ser un acto urgente que no admite consideraciones que vayan más allá del tiempo presente.
Otra de las causas que se apuntan es que los sucedáneos del sexo, todas las variantes del sexo virtual, comienzan a ser más apetecibles que el sexo real. Esto, visto desde nuestro lejano siglo XX, puede parecer una barbaridad pero, a la luz del abrumador éxito que tiene el sexo on line, tendremos que admitir la posibilidad de que hay quién encuentre farragoso el sexo físico, porque está siempre trufado de compromisos y malentendidos, y además hay que invertir en él mucho tiempo y con frecuencia dinero, a diferencia del sexo virtual, o metafísico, que produce satisfacción sin compromisos y, sobre todo, que puede controlarse completamente, cosa que no sucede con el sexo clásico, que es normalmente incontrolable.
Al ciudadano del siglo XXI le gusta tener el control absoluto, en la era de la seguridad y la salud, donde el máximo valor es estar a salvo de las enfermedades y los accidentes, el sexo virtual es un territorio seguro, como lo es beber cerveza sin alcohol, café sin cafeína y leche deslactosada, o fumar cigarrillos sin tabaco ni nicotina. La cosa real está siempre fuera de control y lo que puede controlarse es el sucedáneo.