Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
| Tony Raful “La guerra de Pichirilo”, pero, Pichirilo, el lobo y domador de los mares, como lo llamó José Francisco Peña Gómez en su poema, “¿Por quién doblan las campanas”? ¿Ese Pichirilo es el mismo que estuvo en las andanzas de Cayo Confites en 1947, junto a Juancito Rodríguez, Juan Bosch, el joven estudiante, Fidel Castro, quien presidía el Comité Pro Democracia en Santo Domingo, y cientos de hombres que partían a liberar a Quisqueya del yugo de Trujillo? ¿Es acaso el personaje que en diciembre de 1956 fue el capitán de la embarcación llamada “Granma”, que condujo a 82 hombres en travesía por el Golfo de México hacia el Oriente de Cuba para liberar la Patria, junto a Fidel y el Che? ¿Este Pichirilo es el mismo que volvió a Santo Domingo, meses antes del movimiento constitucionalista de 1965 y se convirtió en la figura civil emblemática de la resistencia de los comandos armados a la intervención extranjera? ¿El mismo Pichirilo que antes de morir baleado de manera cobarde, informó a Joaquín Basanta y a sus familiares más cercanos que se aprestaba a viajar a México, para reunirse con un contacto del Che Guevara, desaparecido en ese momento, quien lo había requerido para invitarlo a acompañarlo en nuevas aventuras heroicas y trascendentes? Manuel Céspedes teclea el ordenador y su mente está llena de ideas que cruzan violetas o carmesí sobre un tiempo florecido de utopías, de nombres que alcanzaron la imaginación grávida de la esperanza. Eran hombres de carne y hueso, con debilidades y vicios, en esa vorágine de la tragedia humana que es el curso implacable de su historia. “La guerra de Pichirilo” es un texto intenso, de rápida y precisa narrativa, insertada en el contexto de los sucesos históricos de 1965. El autor trasiega, usa los personajes, los pone a disertar dentro de un perímetro minado por la violencia y el dolor. Es magistral la referencia de Trujillo, en el imaginario popular, apenas a cuatro años de su ajusticiamiento, el fantasma merodea en la narración, las casonas, las residencias de Gascue convertidas en cuarteles, seguían visitadas por su duende omnipresente en el barrio donde vivieron sus ajusticiadores, en trasluz de ánimas pendientes de la gloria o del olvido. Céspedes transcribe las palabras de Bruce Palmer, el jefe de la 82 División Aerotransportada de los marines. Pudo no ser así, no son palabras fidelísimas sino inventadas que toman la realidad porque la viven nuevamente, la recrean y son constitutivas del momento o la coyuntura, les pertenecen. La discusión entre Capozzi y el sargento Stuart, en el referencial de la Segunda Guerra Mundial, tiene momentos dramáticos porque el narrador salta los bloques temporales, los planos, y retiene en la memoria de 1965, el reencuentro del entonces sargento y el raso Ilio Capozzi. Es un diálogo de nostalgia y orgullo para hablar del Capozzi, quien cayó intentando tomar el Palacio Nacional dominicano el atardecer del 19 de mayo de 1965. La figura de Pichirilo asoma desde el inicio, el legendario combatiente habla hasta por los codos; sus palabras truenan, su voz ronca, “mala palabroso”, tosco, implacable en el combate, habla de la historia y de Fidel como si hablara de un hijo de vecino, con naturalidad, lo que hicieron, lo que dejaron de hacer, su narración dolorosa de la muerte de André Riviere, las andanzas, todo un telar de correrías que el narrador imprime en el inconsciente colectivo de 1965. El diálogo de Pichirilo y Rafaelito Martínez en torno a la declaración del Papa Pablo VI, sobre el conflicto dominicano, no tiene desperdicios. ¿La ficción es superior a la realidad o la ficción es inferior a ella? Era la guerra de Pichirilo. A nadie le cupo mejor, a nadie le sirvió tan bien, tan ajustada a su figura, a su rol, a su leyenda reinventada, que a él. Era un patriota de abril, que no tardó en trascender históricamente. El narrador urde los diálogos y los deja libres en su proyección testimonial, los personajes son reales o pueden ser reales, los hechos y las fechas los trastoca, los altera en el tiempo interno de la narración, pero nada es ajeno, nada viene traído por los cabellos, se respira de nuevo abril en su imaginación, las contradicciones de la política norteamericana se manifiestan, tanto cuando sostienen y apoyan un bando, como cuando detienen las operaciones de exterminio y facilitan en medio de presiones y chantajes, el acuerdo negociado que puso fin a la contienda. Manuel Céspedes es Víctor Grimaldi. Es mi hermano desde la infancia. Juntos estudiamos la primaria, la intermedia y parte del bachillerato en el mismo Colegio Católico. Y luego acompañamos a fundar, junto a Adriano de la Cruz, al profesor Salvador Pittaluga en 1969, el Instituto Dominicano de Periodismo. Hemos tenido ideas diferentes y coincidentes, subordinadas siempre a un profundo afecto y amistad entrañable. “La guerra de Pichirilo, de Montecasino a Santo Domingo”, es una novela corta, bien escrita, excelente. Nada permanece intocado, ni los hechos ni los personajes, se trata de literatura de un valor trascendente, escrita por un intelectual de calidad, formación y sensibilidad. |