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Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a

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LA PRIMERA REFLEXIÓN

EN PLURAL
Yvelisse Prats Ramírez de Pérez*
He cruzado con mi dolor perredeísta el Rubicón electoral.
Pasé estos meses en plena campaña, la vista fija en la inmediatez de mayo, elevándose al horizonte de lo por venir, plasmado promisoriamente en el Programa de Gobierno que presentamos.
En ocasiones, lo confieso, me sentí como enclaustrada, limitados mis pensamientos y escritos a este tema único, dando vueltas a la noria empecinada de denuncias y promesas, aferrada, ahora lo veo más claramente, a una esperanza un poco ilusa con fecha fija de caducidad.
El 20 de mayo llegó, contaminado ya, definido a priori por las trampas con las que el gobierno que debía ser garante de transparencia y equidad fue minando el proceso electoral; más de 4 millones de dominicanos/ as entre los que me cuento, votamos utilizando esta democracia electoral “patiestevada” como la califica Benedetti. Perdimos todos/as, no solo los que sufragamos por Hipólito, sino también los que creen haber ganado con Danilo: porque esta elección violentó la esencia y la razón de votar, la libertad de hacerlo libremente, como expresión ínsita de la soberanía popular.
No votamos libres en las urnas, no solo porque hubo ese domingo represión militar y política, sino porque durante toda la campaña la realidad se fue sustituyendo por una percepción mediática falsa, que montó una obra de teatro cuyo escenario de candilejas y oropeles ocultó el verdadero estado de nuestro país, de nuestra economía, de la violencia, del robo, de la estulticia.
Encuestas amañadas fueron pavimentando un camino para justificar el resultado: un triunfo que decreta el duelo por nuestra democracia castrada. Unos votamos bien, nuestra conciencia no se dejó engatusar por el espectáculo. Otros /as se equivocaron.
Todos/as, lo vaticinamos, menos por supuesto los que componen la cúpula del PLD, los que llegan al gobierno y los que no se irán, sufrirán los resultados de esta elección manipulada.
Muchos análisis pueden hacerse, ya se están haciendo, matizados por los intereses o por el mirador político en que se sitúe cada sujeto, de este proceso electoral, santiguado por la sempiterna permisividad de la OEA, y por sectores nacionales e internacionales que en nombre de la “gobernabilidad” aceptan tantas cosas raras.
El papel de la Junta Central Electoral, por ejemplo, solo puede calificarse de “correcto” y “excelente” si la evaluamos como lo que es en su auténtica identidad: un grupo de servidores incondicionales que cumplieron a cabalidad la encomienda del gobierno peledeísta, en cuanto a realizar el trabajo sucio.
Lo hicieron, eso sí, con eficiencia, pero su parcialidad manchó sus hojas de vida como jueces, y se marcó en letras de luto avergonzando la crónica de las elecciones nacionales.
Los análisis continuarán. Muchas vendas incautas irán cayendo ante las frustraciones; cada vez se volverá más filoso el bisturí, los tumores malignos se percibirán más claramente.
Los/as perredeístas, sobre todo esas bases magníficas a las que Peña Gómez confirió la soberanía del Partido, que dejaron la piel en el esfuerzo de retornar al poder con Hipólito Mejía para hacer “un mejor país, pero para todos”, tenemos que profundizar ese análisis alrededor de dos ejes: nuestra ideología, el socialismo democrático, que incluye el elemento infaltable de la ética, y el acervo de conocimientos de la realidad dominicana, las necesidades y falencias de nuestra sociedad, que están presentes en el diagnóstico y los satisfactores de nuestro programa de gobierno. En las reflexiones y las conclusiones, habrá de estar presente Peña Gómez. Me he preguntado en esta hora de meditaciones si en los tiempos heroicos en que él nos orientaba, hubiéramos acudido a este “matadero electoral” que Juan Bosch condenó y que en cruel paradoja montaron en estas elecciones los que se dicen sus discípulos.
El tiempo pasó, lo recuerda Alberto Cortés. El neoliberalismo ablanda los huesos doctrinarios, el pensamiento de Peña Gómez se desdibuja por ignorancia o conveniencia.
Ahora, incluso en las alturas del PRD, se habla y se piensa más en pragmatismo que en doctrina. Por cierto, eso habrá que cambiarlo.
De todos modos, concurrir a estas elecciones amañadas pudo ser imprudente, o ingenuo. Pero no hay dudas, fue un acto de valor, una apuesta suprema por la esperanza.
Asumimos la hermosa, desafiante responsabilidad de despertar conciencias adormecidas. 2,129,997 dominicanos/ as respondieron a la convocatoria, nos honraron con sus votos corajudos y confiados.
Junto a esos buenos/as ciudadanos/ as analizaremos, decidiremos, actuaremos, desde el PRD, con el PRD. Ejerceremos el liderazgo que Hipólito Mejía ganó para nuestro partido, que es la mayor y la mejor organización política de nuestra historia republicana.
En Plural, como se llama esta columna, la militancia del PRD reivindica su triunfo moral, se enorgullece y se empodera como oposición en la República Dominicana.  
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