POR experiencias personales repetidas, una y otra vez, puedo colegir que en un futuro, quizás cercano, será posible la comunicación interpersonal mediante pensamientos, sin la intervención de artefactos electrónicos. Hay una frecuencia, dentro de las ondas cerebrales, que pudiera abrir, con una chispa, ese mundo nuevo, esa etapa, en la vida de la humanidad. Es cuestión de tiempo y revelación porque el recurso está en el cerebro mismo. A cada rato resulta que puedo ver imágenes fugaces de asuntos, personas, segundos u horas antes de que se presenten en la realidad de mis sentidos. Si analizamos que antes del descubrimiento de las ondas de radio, era un sueño pensar en la amplitud en las comunicaciones de los tiempos presentes, sin embargo esas ondas estaban en todas partes, provenientes de los choques electromagnéticos, ocasionados por cuerpos celestes, tan antiguos como el “Bing Bang” del Universo que resuena, 13 mil millones de años después en los radiotelescopios del presente, maravilla que ha llenado de entusiasmo a los hombres de ciencia. Sé que en la vida todo es un asunto de niveles: los irracionales jamás entenderán el lenguaje matemático del Universo, los elementos de la física, ni los factores de la química. Es cuestión de investigar en un plano distinto, la dimensión del pensamiento y esperar la revelación que abra los senderos de ese infinito universo de ondas y señales que, paralelo a la electrónica, existe en el nivel de lo invisible. Ese salto ha de ser de la misma envergadura de aquel, cuando esas frágiles criaturas bípedas dejaron de brincar de rama en rama del árbol, y comenzaron a caminar erguidas sobre la superficie de la Tierra, dando origen al hombre de hoy, animado por el soplo divino.