Hemos vivido anclados en las urgencias cotidianas
Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
Hemos vivido anclados en las urgencias cotidianas
De pronto despertamos y nos percatamos que hemos vivido anclados en las urgencias cotidianas. Tapiamos las puertas y ventanas que dan al porvenir. El presente lo apabulló todo. Y esas mismas urgencias, provocadas por el imperio de un modelo económico y social que privilegia el ahora y que tiene como soporte la economía y a la comunicación como instrumentos esenciales, se admiten como algo normal y lógico dentro del inestable mundo en que vivimos.
Las urgencias impiden vislumbrar posibilidades, maneras distintas de enfrentar a mundos, a los ordinarios días. Y este estado de conducencia no se detiene en el individuo, alcanza a todas las instituciones administrativas del gobierno, constituyéndose, no en una mera moda, sino en toda una forma de vida que trastorna la tradición.
Sin que fuera una invocación, mucho menos una aspiración, nos encerraron en un sistema de vida en el que lo único que importa es el tiempo presente, tenemos que cumplir con obligaciones establecidas: alimentación, educación, salud, energía, agua, transporte, tal parece que se redujera el vivir a una red de acciones cotidianas. Tapiamos las puertas y ventanas que dan al porvenir y anclamos en un inmediatismo que lo apabulló todo. Buscar las forma de llenar esas necesidades, de dar cumplimiento a lo que, el modelo así lo exige, previamente contrajimos conduce, irremediablemente ver a la vida de otro modo, de ahí que una de la consecuencia inmediata y que alcanza a una buena parte de la población es imponer una modalidad de vida temporal, de excepción, como si fuera la regla, la norma.
El estado donde predomina la urgencia, como modo de conducencia de la vida colectiva, no hay elección, aunque el sistema democrático la contenga y contemple como ejercicio cívico, aunque creamos lo contrario como forma de consuelo, no hay elección porque satisfacer las urgencias inmediatas lo impide. Entonces no hay horizonte económico y ni social, pues se carece de objetivos y de metas. La cultura de lo instantáneo, la velocidad y la inmediatez no da tregua, se impone como conducta abarcadora.
Y más grave, los responsables de la conducencia de la sociedad, entre los que se destacan los actores políticos tiene la mayor culpa del imperio de estado de vida, pues en lugar de detenerse, y de manera serena contemplar el fluir de los acontecimientos para buscarle soluciones de largo alcance se dedican a apagar fuegos, a poner remiendo, a engañar y con ello, engañarse a sí mismo.
Arribamos a una conclusión evidente: el estado de urgencia invalida la reflexión, indispensable para el diseño y aplicabilidad proyecto de futuro y, además, genera un proceso que puede desembocar en crisis, esto es, lo que se admite como fórmula salvadora se convierte en instrumento de retraso económico y social. El imperio de la urgencia más tarde que temprano se devora a sí mismo, por tanto es fundamental implantar un modelo que dedique el mayor tiempo a la construcción permanente del futuro.
El Consejo Global de Política Comercial realizó un profundo estudio que abarca los cincuenta países más prósperos del mundo (que no sólo comprende la parte económica, sino también la social para evaluar el nivel prosperidad. Los resultados fueron sorprendentes, ya que los cinco más prosperos fueron Singapur, Holanda, Suecia, Suiza y Finlandia, los que se caracterizan por la eliminación de la cultura de la urgencia y la promoción del apoderamiento del ciudadano. ¡Imitémoslos!