Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
Desde aquel “Ego vox clamantis in deserto” (Soy la voz que clama en el desierto) de Antón de Montesinos, la Iglesia no ha parado de gritar a los cuatro vientos para que en nuestras tierras se distribuya la riqueza de manera equitativa y se trate con respeto al ser humano.
Desde que en septiembre del 1962 la Conferencia Episcopal Dominicana (CED) fue aprobada oficialmente por la Santa Sede Ad Experimentum, ha estado constantemente orientando al pueblo dominicano de manera sistemática.
Sus pronunciamientos públicos los ha ido haciendo acorde con la marcha de la nación y en eventos que han creado momentos de tensión.
La CED envía con frecuencia la Carta Pastoral donde hace una reflexión sobre algún punto de nuestra fe. En el Mensaje hace una exhortación sobre un determinado punto ante un momento o situación concreta del pueblo dominicano. Aveces envía una Nota para, de manera breve, aclarar algo específico. Otras veces hace una Declaración para asumir un compromiso concreto después de haber hecho una descripción específica de una determinada realidad. Finalmente, la CED envía Comunicados al pueblo dominicano, los cuales son documentos de carácter informativo en el que se comunica un parecer o una inquietud edificante. Otras veces, aunque menos sistemáticamente, se han escrito Cartas, Circulares, Decretos, Notificaciones, Memorandums, Reflexiones, Exhortaciones y Alocuciones.
Lo más importante de todo esto es que en cada reflexión que la CED hace se siente el compromiso y la contribución que ha hecho desde su misión y su responsabilidad con la construcción de una nación más fraternal, más justa y moralmente más sana.
Hace unas semanas, con motivo de la celebración del día de Nuestra Señora de la Altagracia, la CED escribió su acostumbrada Carta Pastoral. Esta vez se refirió puntualmente a la familia como institución y como célula fundamental de la sociedad.
La Conferencia Episcopal, en su Carta Pastoral, nos recuerda de la convocatoria del Papa Francisco a un Sínodo Extraordinario para tratar los desafíos a la familia y para tomar conciencia de las nuevas situaciones que afectan frontalmente a todos los que trabajan por el bien de las familias y a las familias mismas.
Para que crezca el clima de entendimiento, de tolerancia, de armonía y paz, los obispos invitan a las familias a fomentar el diálogo sincero y transparente.
Y, como recordatorio, le señala al Estado su deber como defensor y sostén de la familia: “Es importante recordar el deber del Estado en la protección y defensa de la familia como fundamento del bienestar, el desarrollo y la paz en la sociedad”. Y sigue diciendo: “No toda propuesta con etiqueta de modernismo favorece la vida humana. Grandes imperios se han desmoronado a lo largo de la historia, cuando sus gobernantes han complacido a los pueblos en su sed de placeres. La ética y la moral no se pueden perder de vista”.
Sin embargo, creo que estas orientaciones y los esfuerzos que hace la Conferencia Episcopal chocan y son perturbados por el predominio de una concepción elitista y ortodoxa al interior de la Iglesia Católica de la República Dominicana.
En el ultimo mensaje, con motivo al Día de la Independencia, la CED introduce un elemento nuevo para la reflexión de los dominicanos y, en especial, de la clase política dominicana. La clase política dominicana tiene la tradición de apoyar mediáticamente todo lo que dicen los obispos, pero en la práctica no hacen lo que los obispos piden que hagan.
Esta vez los obispos le están pidiendo a los políticos que aprueben la Ley de Partidos y Agrupaciones políticas para hacer más transparente el ejercicio político.
Después de llamar a la política, como ciencia fundamental para el desarrollo y la construcción de la paz social, los obispos le exigen al Congreso y a los partidos políticos la aprobación “urgente” de esta ley, a fin de dejar de lado el aspecto clientelar del quehacer político.
Pero además, le piden a la población en general, participar activamente de la actividad política, en la vida cívica y comunitaria de manera honesta y transparente. No es por otra razón que en su mensaje la Conferencia Episcopal hace especial énfasis en la defensa del patrimonio nacional, indentificando a Loma Miranda como uno de los blancos más importantes en este momento. Como sabemos, fuertes presiones recibe el gobierno de fuera y de dentro a fin de que le sea concedida a Falcondo Xstrata Nickel la explotación de los yacimientos de la Loma Miranda. Sin embargo, los obispos piden que mediante ley sea declarada Parque Nacional.
A mi entender, el impulso que los obispos le dan al esfuerzo de muchos sectores para que se apruebe una Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas es el punto más crucial que ellos plantean en su último mensaje. Nada se podrá hacer en bien del desarrollo integral y de la construcción de la paz social en la República Dominicana si los partidos y las agrupaciones políticas siguen manga por hombro depredando los bienes del pueblo y abusando del poder de manera despiadada.
Es justo hacer notar que el Partido Revolucionario Dominicano tuvo la oportunidad de aprobar esta ley y no lo hizo, pues hace más de 20 años que comenzamos a tomar conciencia de la necesidad de esta ley. Pero también es de justicia decir que el Partido de la Liberación Dominicana, en sus casi 14 años de gobierno, no ha hecho absolutamente nada para que esta ley sea aprobada, constituyéndose de ese modo en el principal prostituto del quehacer político en la República Dominicana.
Crucemos los dedos para que esta vez la clase política ceda ante el clamor de los obispos y ante la necesidad imperiosa de que el ejercicio político se modernice, se transparente y se humanice.
De lo contrario, seguiremos viviendo en las cavernas y en un país ficción.