El concepto de sociedad de la opulencia en Marshall Sahlins. Lecturas breves de Antropología para no iniciados.
Como encarnación de la sabiduría de las categorías burguesas originales, la economía formal se desarrolla puertas adentro como una ideología y puertas afuera como un etnocentrismo.
(Marshall Sahlins)
Destacados economistas proponen destruir parcialmente el stock de viviendas no vendidas como solución al problema inmobiliario: "la piqueta podría ser la solución a parte del problema"
(Leído en los medios estos días)
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| Bosquimanos Kung noreste del desierto del Kalahari |
Con esta entrada del blog, damos comienzo a una larga serie que hemos denominado Lecturas breves de Antropología para no iniciados. Como el título señala, pretendemos brindar a un público no versado en la ciencia de la Antropología, una serie de lecturas clásicas sobre temas a partir de los cuales se puedeincentivar la reflexión sobre el modelo de sociedad actual en la que vivimos y, en general, sobre el mundo en el que estamos. No pretende ser una serie para especialistas, sino que aspira a tener un carácter divulgativo para el gran público.
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| Marshall Sahlins |
Comenzamos la serie con un clásico de la Antropología: Economía de la Edad de Piedra, de Marshall Sahlins. La primera edición deEconomía de la Edad de Piedra es de 1974. No es pues una obra reciente, pero mantiene su plena vigencia en muchos de sus apartados. Se trata de una obra "clásica" de la Antropología, especialmente de la Antropología económica, un importante referente en la formación de los estudiantes de Antropología. También resulta de interés para un público general.
La lectura de esta obra hay que contextualizarla en el fuerte debate que se produjo en los años 70 del pasado siglo, entre las corrientes "formalista" y "sustantivista" de la teoría económica. Debate que ya venía de décadas anteriores, pero que alcanzó quizás su último momento fuerte de controversia en la década de los 70. A partir de entonces, el formalismo se convirtió en un enfoque marginal dentro de la Antropología económica, que pasó a estar dominada por marcos teóricos muy diferentes: el sustantivismo (representado inicialmente por Polanyi, con su obra La gran transformación: Crítica del liberalismo económico, publicado en 1944 ), elmarxismo (en sus diferentes planteamientos) y la llamada economía cultural (que inicialmente gira sobre todo en torno a la figura de Stephen F Gudeman). Esto tuvo consecuencias en la práctica profesional de la Antropología. El formalismo económico está vinculado a posiciones políticas muy sistémicas; es un enfoque del status quo. En cambio, las otras tres corrientes mencionadas, siempre se han caracterizado por derivar en dimensiones política y socialmente muy críticas. El resultado fue que los antropólogos, abonados a posiciones políticamente incorrectas, vieron cómo se iban quedando desplazados cada vez más hacia espacios de poder e influencia marginales, incluso en aquellos escenarios de trabajo que antaño habían sido consustanciales a la praxis de la Antropología. Estaincorrección política, el empeño en ir a contracorriente de los enfoques sistémicos, es algo que se aprecia muy bien, por ejemplo, en la Economía de la Edad de Piedra.
Como nos recuerda Shalins en el prólogo del libro, el debate formalista-sustantivista, resultó "endémico en Economía durante más de un siglo", sin que aparentemente hubiese grandes cambios "desde que Karl Marx definiese los puntos fundamentales en contraposición a Adam Smith".
A grandes rasgos, los economistas formalistas tienden a considerar eso que podemos llamar (para entendernos) "economías primitivas" como versiones subdesarrolladas del modelo de racionalidad económica que define el capitalismo. Es decir, son contempladas y evaluadas desde la lógica hegemónica capitalista, a partir de la cual se elabora una imagen de aquéllas absolutamente negativa: son económicamente irracionales, endémicamente subproductivas, esclavas del inmovilismo y colapso de la técnica, motivo de un estado de necesidad y escasez permanente que conduce a una vida de sufrimiento... Por el contrario, desde la crítica antropológica, se ha hecho hincapié en la necesidad de estudiar los diferentes sistemas económicos como modelos de racionalidad distintos, sujetos a lógicas diferentes y como una categoría más de la Cultura que no puede ser entendida al margen de las restantes categorías; a la vez que siempre se ha subrayado el carácter etnocéntrico, y eurocéntrico en concreto, de las comparaciones y aproximaciones formalistas. Dice Shalins en su Introducción (pág. 11):
Como encarnación de la sabiduría de las categorías burguesas originales, la economía formal se desarrolla puertas adentro como una ideología y puertas afuera como un etnocentrismo.
Los fragmentos que hemos seleccionados del libro como lectura sugerida, tienen que ver con el capítulo titulado "La sociedad opulenta primitiva". Shalins viene a plantearse en qué consiste la "opulencia". En su análisis, ésta viene referida a aquella sociedad que sea capaz de satisfacer la mayor cantidad de sus necesidades con el menor esfuerzo posible. A partir de aquí, nos va mostrando con datos etnográficos, una sublime paradoja: la nuestra, la sociedad capitalista de consumo, está mucho más lejos de ser una "sociedad de la opulencia" que esas otras que despectiva y peyorativamente llamamos "sociedades primitivas". Los fragmentos seleccionados pretenden explicar y facilitar la comprensión de esta paradoja.
La sociedad capitalista de consumo, se basa en la creación permanente de nuevas necesidades, que deben ser satisfechas para alimentar el crecimiento económico; pero dichas necesidades, en nuestro modelo de sociedad, son siempre infinitas. De no ser así, el sistema capitalista se derrumbaría. Compramos un automóvil y antes de terminar de pagarlo hacemos cálculos para cambiarlo. Pensemos que si los coches durasen toda la vida (y con la tecnología disponible, eso es factible potencialmente) y/o no nos invadiese la necesidad periódica de cambiarlo, las fábricas de coches tendrían que cerrar. Nos metemos en una hipoteca y nos pasamos 30 ó 40 años pagando. Necesitamos cambiar de móvil cada poco tiempo y la mayor parte de los bienes que consumimos tienen una escasa vida media, con el objetivo de que podamos seguir alimentando la diabólica ecuación necesidad-consumo-producción. Por otra parte, nuestra sociedad de consumo se basa en ficciones vividas como reales; por ejemplo nos encanta pensar "tengo una casa", cuando en la mayoría de los casos la casa "es" del banco, hasta que terminamos de pagarla. Todo esto es presentado y legitimado por los economistas formalistas, apelando a una lógica que pretende ser absoluta e incuestionable y que desde su abstracción nada tiene que ver con la lógica social (por ello Pierre Bourdieu decía en La esencia del neoliberalismo: "Los economistas, separados durante toda su existencia (…) del mundo económico y social tal como es, se inclinan de manera particular a confundir las cosas de la lógica con la lógica de las cosas".)
Por el contrario, ese otro tipo de sociedades de las que nos compadecemos, se basan en una lógica antagónica a la nuestra, como es que las necesidades son muy limitadas y, por lo tanto, fáciles de satisfacer, con menos tiempo y energía productiva y con medios técnicos muy limitados pero adecuados a las necesidades. Por ello, Shalins se pregunta cuál es la sociedad de la opulencia.Aquella que tenga todo cuanto necesitan sus miembros, estará más cerca de la opulencia que aquella otra que apenas consigue satisfacer las necesidades.
La arquitectura argumental de Shalins, que espero haber reflejado en la selección de fragmentos que siguen, no sólo nos obliga a reconsiderar la visión que hemos tenido de sociedades de cazadores-recolectores. Aunque excluye, en el capítulo mencionado, a las sociedades campesinas, algunos de los aspectos que aborda considero que también son susceptibles de ser aplicados a éstas. Por otra parte, ya desde un plano histórico, nos obliga a reconsiderar la lúgubre y especulativa visión que los historiadores han transmitido siempre de los grupos humanos de la edad de piedra.
Estoy seguro que, con independencia de que estemos muy de acuerdo o poco de acuerdo con el texto que sigue, a nadie dejará indiferente y provocará nuestra reflexión. Y de eso se trata.