Montesquieu resume las virtudes y defectos de cada tipo de gobierno
Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
Montesquieu resume las virtudes y defectos de cada tipo de gobierno
El término está de moda. Se habla de “Dictadura Constitucional.” Luce un contrasentido, casi un absurdo, pero no lo es. Tiene su origen y explicación. Montesquieu enseña, El Espíritu de las Leyes, la existencia de tres tipos de gobierno distintos: el Republicano, “aquel que el pueblo o un parte del pueblo tiene el poder soberano;” el Monárquico, “aquel en que uno solo gobierna, pero con sujeción a leyes fijas y preestablecidas;” y el Despótico, “aquel donde el poder también está en manos de uno solo, pero sin ley y sin reglas, pues gobierna el soberano, según su voluntad y sus caprichos.”
Y explica: “Cuando en la república el poder del soberano reside en el pueblo entero, es una democracia. Cuando el poder soberano está en una parte del pueblo, es una aristocracia. Cuando está en manos de uno solo, es una dictadura.” A lo largo de diversos capítulos, Montesquieu, magistralmente, resume las virtudes y defectos de cada tipo de gobierno que los dominicanos, en distintas etapas de nuestra malograda vida republicana, hemos vivido.
Partiendo de su doctrina, sostiene que la democracia tiene lugar “en el pueblo que goza del poder soberano, debe hacer por sí mismo todo lo que él puede hacer y lo que materialmente no puede hacer por sí mismo y hacerlo bien, es menester que se haga por delegación de sus ministros.” (Democracia representativa.)
De ahí la división de los poderes del Estado en tres grandes ramas con atribuciones y funciones propias e independientes entre sí: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. El sistema de pesos y contrapesos garantiza y marca el equilibrio, sin el cual la democracia no funciona. Deviene, de hecho, en una seudo democracia: gobierno de unos pocos y en su forma más degradante, el de uno solo: el monarca, el líder indiscutible, el jefe que concentra y maneja a su antojo los resortes de los demás poderes del Estado para provecho propio y de sus adeptos.
“Lo peor de la democracia es que se acabe el apasionamiento, lo cual sucede cuando se ha corrompido el pueblo por medio del oro; se hace calculador pero egoísta; piensa en sí mismo, no en la cosa pública, le tiene sin cuidado los negocios públicos… sin preocuparse de las cosas del gobierno.”
Por eso se cuestiona, si vivimos, realmente, en un Estado Social Democrático de Derecho. Si todo este aparatoso sistema electoralista, vacuo, de pactos tardíos, no es más que puro formalismo. Si corrompido por sus gobernantes, ignorante de su tragedia, el pueblo es real dueño de su destino.
Si no estamos de cara a una “dictadura constitucional”; o a algo peor, al enajenársele al pueblo su poder soberano, lo que por ley natural le pertenece: “hacer por sí mismo lo que puede y debe hacer bien”: elegir libremente a sus representantes, darse su propia Constitución o reformarla las veces que sea necesario mediante una Asamblea Constituyente. No imponerle una “nueva Constitución” hecha a la medida para consolidar y perpetuar el poder del monarca y controlar, democráticamente, los demás poderes del Estado. “Cuando en un gobierno popular se dan las leyes por incumplidas, como ese incumplimiento no puede venir más que de la corrupción, puede darse el Estado por perdido.”