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Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a

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PELANDO LA CEBOLLA

Pelando la cebolla (En el gobierno no habría tantos ladrones..)

09 DE MAYO DEL 2012

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SARA PÉREZ

Periodista

Sobre mí

Periodista. Fue reportera de los diarios Ultima Hora, El Nacional y Hoy. Fue miembro del equipo de Investigación del diario Hoy. Escribió para la revista Rumbo. Actualmente reside Reading, Pensilvania, Estados Unidos.

Gunter Grass escribió una dolorosa y visceral autobiografía titulada en español  “Pelando la cebolla”. Imagino que la traducción es casi literal, porque si mal no recuerdo,  en otro texto de Grass, quizás en El Tambor de Hojalata, se cuenta un episodio sobre la tradición de los habitantes de un pueblo, de ir a cierta taberna a comer cebollas, sólo por tener una excusa para poder  llorar abiertamente.

Supongo que en el universo de Grass, las cebollas tienen unos valores metafóricos y unos poderes evocativos lo suficientemente importantes como para el escritor resuma los avatares de su vida con la expresión: “Pelando la cebolla”.

La tremenda y amarga autobiografía de Grass, se siente entre las manos de quien la lee, como una herida abierta,  que todavía lleva clavados en sí, los  restos de una terrible arma desgarradora.

En ella, el escritor describe, entre otros acontecimientos, su incorporación a la guardia nazi, la SS alemana, cuando era un adolescente, situación por la pasó más de un millón de jovencitos alemanes, incluyendo el actual Papa, Benedicto XVI.

Hasta donde sé, el episodio narrado por Grass le ha generado numerosas confrontaciones, críticas  y disgustos con gente que quiere  pasarle factura por su participación -obligada y sin estelaridad alguna en ejecución de crímenes- en la SS cuando era casi un niño, y en un régimen que imponía compulsivamente destinos y conductas.

De alguna manera, Leonel y quienes están detrás de él, nos han llevado al umbral de un totalitarismo de ultraderecha. No hay ninguna frontera, ni siquiera simulada, entre el partido oficial y el gobierno

También al Papa le han enrostrado lo mismo, lo cual es completamente absurdo. Lo alarmante no es que el Papa haya sido nazi en la Alemania que era nazi, cuando él tenía 14 ó 15 años, sino que lo siga haciendo ahora, a los 75, como es de temer que sea el caso y que además encuentre una multitud de adláteres, completamente incapaz de ver las similitudes y continuidades de ciertos modelos y su agobiante repetición y perpetuidad.

¿Que Juan Bosch siendo joven escribió algo elogiando a Trujillo? Si eso era un indicador de algo, fue de la medida en que el país entero era una víctima.

Tampoco se afecta el hermosísimo legado del cantautor español Víctor Manuel, porque siendo un muchachón desinformado, incurriera en la idiotez de escribir y cantar una canción laudatoria a  Franco.

Lo que él estaba cantando no era ningún aporte trascendente a la dictadura, sino el simple balido aborregado de la España tiranizada y domesticada para que asumiera la tiranía como La Gloria y a su jefe como El Salvador. La evolución posterior corrigió esa tontería.

No es a un efebo imberbe a quien hay que irle a reclamar por haber creído lo que le entraban por ojos, boca y nariz, desde niño, en su casa, en la escuela, en la iglesia, en la radio, en su vecindario, en su sociedad.

Son todos ejemplos de lo que generan los regímenes dictatoriales que adoctrinan para la sumisión y la acriticidad y drásticamente reprimen, arrasan y censuran las observaciones,  inconformidades y cuestionamientos.

La gente que comete atrocidades en los regímenes dictatoriales no llega de Marte. Es una parte de la gente “normal” que, si no encuentra un contexto que propicie y dispare sus excesos, suele mantener conductas e interacciones sociales por lo menos tolerables. Lo que una estructura gubernamental incluso pretendidamente “democrática” alienta, premia y paga, suele marcar muchas pautas y reproducir conductas.

¿De dónde salieron tantos calieses en la época de Trujillo y Balaguer? No los importaron del Otro Mundo. Fue una cosecha que creció en el patio, sembrada, regada y abonada por el Estado. ¿De dónde salieron los torturadores y asesinos? No llegaron del espacio sideral, sino del entorno corriente. El éxito de los primeros determinó la aparición de los demás.

La iglesia católica no tendría una tan masiva acumulación de casos de pederastia, si como institución no hubiese sido condescendiente y tolerante con esas prácticas.

En la policía dominicana no habría tantas mafias, ni asesinos y sicarios, si sistemáticamente los inculpados por excesos fueran sancionados en vez de premiados.

En el gobierno no habría tantos ladrones, si no disfrutaran de impunidad  -y ostensible admiración-y se aplicaran los controles correspondientes.

Quienes roban  masivamente en los gobiernos de corrupción generalizada, como el que preside Leonel Fernández, no son extraterrestres, ni fenómenos de ochocientas cabezas y 3000 patas, (aunque se comporten como si efectivamente eso tuvieran, con una aspiradora integrada a cada extremidad), ni gente con habilidades excepcionales.

Son personas “normales”,  hasta con sus  juanetes en los pies, con bigote,  con frecuencia  de saco y corbata, que de haberse encontrado con algunos frenos institucionales, frenitos mínimos, un poco de aplicación de leyes, dos o tres aplausos menos, alguna alarma ante  lo desproporcionado, dos o tres puertas cerradas y con vigilancia, cierta expectativa de mesura, más independencia y equilibrio de poderes, más contrapeso de la sociedad civil común en la toma de decisiones del gobierno,  habrían sido sastres esforzados, tal vez de paulatina, legítima y razonable prosperidad y quién sabe si legisladores presentables y decentes y no delincuentes temibles.

El Leonel Fernández que conocí, muy  superficialmente, porque no lo traté nunca de cerca, hace tal vez unos  25 años atrás, pudo haber sido un político con alguna pequeña  dosis de escrúpulos y también pudo haber hecho unos gobiernos un poquito menos horribles, si la precaria institucionalidad del país y el exceso de poder acumulado en la figura del Presidente, no hubieran abonado las facetas menos recomendables del personaje.

Ni siquiera menciono la jamás contemplada  eventualidad de que optara por hacer un gobierno con una estrategia económica menos marginadora y más inclusiva.

Para que su administración califique como rotundamente catastrófica basta con mencionar los accesorios del estilo: la corrupción, la precaria operatividad de las dependencias gubernamentales y el clientelismo.

De un comedido,  estudioso, aplicado, un tanto aburrido  profesor universitario, modesto degustador de hog dogs  encebollados, con aparentes  inquietudes  sociales y presuntas sensibilidades ante los graves problemas sociales, fue surgiendo poco a poco un pequeño gremlin atrujillado,  que ha acabado por convertirse en el virus del ántrax, afectando, lastimando y corroyendo unas  estructuras del gobierno, que de por sí, nunca han cumplido a cabalidad sus funciones.

Para que se desarrollara semejante transgresor, con una concentración de poderes completamente ilegítima en sus manos, no sóo se necesitaron los manejos aportados por él mismo y la complicidad del sector social al que representa, sino la indefensión de una sociedad y la fragilidad de una estructura política, que no ha sabido tomar precauciones para protegerse contra quienes la agreden, ni poner les límites, ni cobrar cuentas, ni aplicar sanciones.

De alguna manera, Leonel y quienes están detrás de él, nos han llevado al umbral de un totalitarismo de ultraderecha.

No hay ninguna frontera, ni siquiera simulada, entre el partido oficial y el gobierno. Hay un retroceso en las libertades públicas, en el respeto a los derechos humanos, en las prerrogativas políticas y en la disposición democrática.

Incluso mucha gente con formación y práctica política es absolutamente insensible ante una situación abrumadora y escandalosa de corrupción, dilapidación de los recursos públicos en una campaña electoral, imposición violenta y absoluta desinstitucionalización.

Arrastrados en la vorágine del gobierno, han acabado por aceptar como inevitable y normal  lo absolutamente inadmisible. Parecen hipnotizados. Asisten a la campaña y a unas votaciones con la misma actitud fanática, ciega y acrítica con que ven un juego de pelota.

¿De dónde ha salido toda esta gente que politiquea activamente sin tener noción alguna de derechos cívicos y políticos y sin percibir el horror en que está envuelto el país completo? No llegaron de Marte. Han crecido en el patio. Y habrá mayores y peores consecuencias.

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