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Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a

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PERDEDORES RADICALES

PERDEDORES RADICALES: A propósito de Hans M. Enzensberger y el atentado al Maratón de Boston 

Por: Binny Sosa D’Meza

 

“Toda causa justa, se convierte en injusta en el momento

 

en que la llevamos hasta sus últimas consecuencias.”

 

Hans M. Enzensberger

 

.

 

El incremento de la violencia y el terror en sus diferentes modalidades se ha convertido en un fenómeno global con una particular estructura mimética en el lenguaje de la intención y la acción. Las diferencias culturales, los antecedentes políticos, socioeconómicos, ideológicos o religiosos se convierten en escenarios propicios para el análisis de actos delictivos, maniobras represivas y crímenes de toda índole, un reflejo de lo que acontece en la contradicción de la vida cotidiana contemporánea, con posibles causas en las pulsiones emocionales exacerbadas de la frustración, inconformidad, obsesión, dualidad, aislamiento, control, competencia descarnada o exclusión.

 

Los atentados, masacres, usurpaciones, transgresiones y antagonismos exacerbados han enfatizado en sí mismos la irrupción incontrolable del resentimiento, como un evento muchas veces catastrófico en el comportamiento de los seres humanos. Pero, ¿Cómo acompaña una conducta resentida el viaje de sus perpetuas iniquidades? Analicemos la explicación de Max Scheler: “El resentimiento es un auto-envenenamiento psicológico que tiene causas y efectos bien determinados. Es una disposición psicológica, de cierta permanencia, que a través de una represión sistemática libera determinadas emociones y algunos sentimientos de sí mismo que son normales e inherentes a los fundamentos de la naturaleza humana y tiende a provocar una deformación más o menos permanente del sentido de los valores y de la facultad de juicio. Entre las emociones y sentimientos a tener en cuenta, se ubican en primer lugar el rencor y el deseo de vengarse, el odio, la maldad, los celos, la envidia y la malicia”.

 

Por lo general, cuando sucede la radicalización del comportamiento, como es el caso del reciente atentado perpetrado por dos hermanos chechenios en la Maratón de Boston, estudiantes universitarios con una aparente vida normal y hasta ese momento, unos desconocidos para el resto del mundo. Revivimos los conflictos de los atentados terroristas contra las Torres Gemelas del 11’S , 11’M de Madrid y el 7’J en Londres, así como los innumerables eventos dramáticos cercanos e interconectados a nuestras vidas, o compartidas por la cercanía geográfica y virtual,

 

-tragedias derivadas de guerras civiles, dictaduras, revoluciones, fuerzas paramilitares, guerrillas o narcotráfico- frecuentemente acompañadas de rituales y manifestaciones de violencia extrema.

 

Criminalistas, investigadores del FBI y expertos en terrorismo, comienzan a interpretar las raíces y las posibles evidencias de la conducta radicalizada de los hermanos Tsarnaev en los atentados de Boston, recurriendo a fuentes periodísticas, investigaciones sobre posibles vinculaciones terroristas, o a expresiones extremistas que hayan sido publicadas en las redes sociales y cualquier medio disponible; declaraciones de compañeros, vecinos y familiares fueron necesarias para realizar un perfil aproximado sobre la naturaleza de la conducta criminal de estos hermanos. Sus vidas transcurrían en una aparente normalidad, no mostraron ningún comportamiento extraordinario, que indicara explícitamente que planificaban este terrible hecho. De acuerdo a diversas fuentes entrevistadas manifestaron una conducta tranquila y apacible antes y después de los acontecimientos. Veamos algunas de las declaraciones publicadas en diferentes medios: Dzhokhar Tsarnaev trabajó como salvavidas en una alberca de la Universidad de Harvard, contratado durante dos años y medio, tiempo en el que impresionó por su ética en el trabajo: “Llegaba a tiempo, vigilaba la alberca y se llevaba bien con los demás”. Otras referencias mencionan que:“mientras los militares buscaban a Tsarnaev después de la explosión de las bombas asistió a sus clases normales de la Universidad de Massachusetts mientras Boston permanecía en tensión, incluyendo la visita a una fiesta donde mostro relajado”, “hasta ahora ningún grupo extremista reivindicó el atentado, aparentemente actuaron solos”.

 

Por lo general, cuando sucede la radicalización del comportamiento, como lo sucedido a los hermanos Tsarnaev, ya se ha iniciado una búsqueda íntima de defensa emocional ante lo que consideraron en un determinado momento, su verdad -una necesidad de reconocimiento y protagonismo funesto en contra del mundo, la imposibilidad de auto reconocer la orfandad de su propia conciencia-. El ajusticiamiento de su propia humanidad los convirtió en seres imprevisibles, silenciosos e implacables, el enemigo mascarado de los otros. Quizás tendrían dificultades para la creación de puentes para el diálogo, la comunicación y la aceptación recíproca. Se aferraron a un ancla peligrosa -la intención y la acción que justificaron sus terribles victorias personales- acompañadas de una precipitación conductual y de una decisión extrema que a posteriori afectó sus vidas, sus familias y su país de procedencia: el estadillo de un acto vergonzoso, catastrófico y humillante para ellos mismos y para los demás, la mayoría de las veces con amplias repercusiones contextuales y generacionales.

 

Si observamos la naturaleza de las personas con conductas agresivas mimetizadas como las manifestadas por los hermanos Tsarnaev, nos daremos cuenta que muchas veces se victimizan y victimizan a otros; direccionan su sentido de culpa y desafección hacia los demás. Las siguientes expresiones fueron compartidas y encontradas en las redes sociales que utilizaban: “Manténgase a salvo’’ tuiteado después de la trágica carrera y “No tengo un solo amigo estadounidense. No los entiendo”.

 

Manifestaciones de resentimiento, pasan muchas veces inadvertidas por cuestiones de aceptación y aprendizaje cultural: “soy injustamente tratado”, “no me dieron la oportunidad”, “soy una víctima del sistema”, “soy causa de los errores de mi familia” “esta persona me ha hecho daño, yo no he hecho nada malo”, “mi jefe no me entiende”, “obedezco órdenes superiores” “era necesario su muerte” “yo mando en esta casa y tu obedeces”…., pueden evolucionar hasta matizar todas las actitudes y el comportamiento del individuo en sus relaciones y acciones interpersonales. Frecuentemente, estos sentimientos de inferioridad y exclusión, cuando se radicalizan tienen efectos devastadores, como los que hemos vistos en los casos de violencia intrafamiliar, difamación, acoso y persecución, delitos y crímenes diversos, convirtiendo a un individuo o a un determinado colectivo, en lo que el escritor alemán Hans M. Enzensberger designa como un problema característico de los perdedores radicales.

 

Dada estas particularidades conductuales podemos observar que muchas veces y sin previamente percatarnos, estamos frente a ellos: un matrimonio(a) perfecto(a), un adolescente insatisfecho, un(a) competidor(a), un polémico triunfador, un líder narcisista, un (a) envidioso(a), un(a) silencioso vecino(a) o compañero(a) de trabajo, un(a) hermano(a) vengativo, una supuesta víctima o los modernos sociópatas urbanos de las organizaciones y el espectáculo, en fin todos aquellos que pueden formar parte de nuestras relaciones cotidianas y familiares. En este punto y parafraseando a Enzensberger: “Una mirada o un chiste son suficientes para herirle. No es capaz de respetar los sentimientos de los demás, mientras que los suyos son sagrados para él. Basta con una queja de la esposa, la música demasiado alta del vecino, una discusión en el bar o la cancelación del crédito bancario; basta con que uno de sus superiores haga un comentario despectivo para que el hombre se suba a una torre y ponga en el punto de mira todo lo que se mueve frente al supermercado. Y no lo hace pese a que sino precisamente porque la matanza acelerará su propio fin. ¿Dónde habrá conseguido la ametralleta? Por fin, el perdedor radical, tal vez un padre de familia sexagenario o un quinceañero acomplejado por el acné, es amo de la vida y la muerte”.

 

Como ilustración cito lo siguiente: El señor Tsarni, tío de los hermanos Tsarnev, quien atribuyó los actos cometidos por sus sobrinos al hecho de “ser unos perdedores” y albergar “odio por quienes pudieron prosperar”, e insistió que “no tenía nada que ver con la religión o el islam”.

 

A pesar de que es natural que nuestra condición humana pueda ser acometida por sentimientos, actitudes y acciones contradictorias de justicia y poder, dolor o rencor, bondad o maldad.., la victoria del hombre -a pesar de la ocurrencia de eventos cada vez mas perturbadores y desquiciantes- será precisamente la capacidad humana de transformación, la que preservará la lucidez y la voluntad del espíritu sobre la fuerza y el terror derrotando la identidad oculta del recurso del miedo, convirtiendo la intención aniquiladora del odio y la venganza en hábitos mentales y aprendizajes sociales que sobrestimen la vida sobre la muerte.

23 de abril de 2013. Santo Domingo

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