Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
Pericles (495-429 a.C.), estratega y estadista ateniense de esmerada formación intelectual, era hijo de Jantipo jefe de la facción demócrata ateniense y con el paso de los años lideró este partido, desde el que dirigió el Estado tanto en la guerra como en la paz desde su puesto de Estratega, magistratura para la que consiguió hacerse reelegir hasta quince veces consecutivas. Llamado “el Olímpico”, por su imponente voz y por sus excepcionales dotes de orador, con discursos en los que llegaba a sus conciudadanos combinando la emotividad con un alto nivel retórico, solía ensalzar el patriotismo ateniense, definido básicamente por el sistema de vida y de gobierno del que los propios atenienses se habían dotado a través de generaciones.
Sistema constituido desde el punto de vista de Pericles por ciudadanos libres e iguales ante la ley, modelo a imitar por los demás, que se denomina a si mismo como democracia porque se gobierna por la mayoría y no por unos pocos, bajo el respeto de unas leyes justas y por el que vale la pena ofrecer la vida o pasar penalidades para la defensa de su supervivencia.
El propio Pericles en su defensa del sistema democrático solía compararlo con el sistema de vida de Esparta, desechando el sistema educativo espartano que trata de conseguir hombres niños para alcanzar el estatus de hombres soldados acostumbrados a una vida de constantes penalidades, a diferencia de la vida que tratan de procurarse los atenienses de comodidad y goce diario alejado de preocupaciones cuyo objetivo es alcanzar su propia felicidad, pero que a la hora de la verdad son capaces de superar en el campo de batalla a cualquier enemigo. Para él Atenas es igual a democracia y lo uno sin lo otro no sería posible.
De hecho el “siglo de Pericles” está considerado el momento de máximo apogeo de la civilización ateniense tanto desde el punto de vista cultural como militar, adoptando medidas de fomento de la democracia como fue la remuneración de jueces y funcionarios durante el tiempo de ejercicio de su magisterio, para que ningún ciudadano pudiese privarse de su participación ciudadana por su pobreza, estableciendo incluso una paga para los remeros del Estado durante el tiempo de su servicio militar.
Creía tanto en sus principios que pese a que la ley de ciudadanía, promulgada por él mismo, establecía que solo se podía ser ciudadano ateniense los hijos de padre y madre ateniense, se volviera en contra de su propio hijo que tuvo con su segunda mujer nacida en Mileto (Aspacia, de la que se dice que era una heterea que llevaba un burdel, y a la que se le reconocen sus dotes como conversadora y consejera), no cambió la ley; y fueron los propios atenienses los que poco antes de su muerte se apiadaron de él ofreciendo la ciudadanía a su hijo y heredero, permaneciendo la ley (aunque este tema no deja de tener su miga).
El propio Tucidides llegó a decir de Pericles y la democracia que: “en apariencia se trataba de una democracia; en la realidad era el gobierno de su primer ciudadano”.
Su poderosa elocuencia le procuró una enorme popularidad entre la masa de atenienses que le escuchaban con atención y seguían sus dictámenes políticos, lo que le procuró la continuada elección para el cargo de Estratega, que le daba el control de las fuerzas militares, permitía su libre acceso al Consejo y posibilitaba la convocatoria de la asamblea lo que ratificaba su supremacía política. Hoy algunos lo definirían como un político populista, otros sin embargo admiran su liderazgo carismático.
Tras más de dos mil cuatrocientos años el ideal de Pericles sigue vigente, durante este tiempo en diferentes países y momentos históricos se han tratado de buscar y aplicar distintas formulas de gobierno para alcanzar el gobierno idóneo; todos los sistemas hasta el presente han fracasado más pronto o más tarde, el único que prevalece y en el que la mayoría de los ciudadanos coincide en que es el menos malo de los gobiernos posibles es la Democracia que ya nos propusieron los atenienses, y por cuya defensa aún hoy muchos coincidirían con Pericles en que estarían dispuestos “a pasar penalidades por ella”.