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Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a

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PRD UNIDO "JAMAS SERA VENCIDO"

A partir del gobierno de Guzmán, dirigencia del PRD decidió convertirse en una “federación de enemigos” (I de II)
 
 
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   9:56 PM -

Dado el hecho de que los dirigentes de PRD optaron mucho tiempo atrás en convertir su partido en una “federación de enemigos”, a nadie hoy debe sorprender la gravísima crisis divisionista por la que actualmente atraviesa esa organización.

La conversión del PRD en una “federación de enemigos” fue lo que llevó a su último líder, el fenecido José Francisco Peña Gómez, a proclamar con toda propiedad que “al PRD solamente lo derrotaba el PRD”; al comprobar en la práctica los efectos derrotistas que las divisiones internas provocaban en los procesos electorales.

Esa verdad axiomática de Peña Gómez es fácil de comprobar con la mayor claridad al pasar balance a las derrotas electorales del PRD en 1986, 1990, 2004, 2008 y el 2012, aunque cada uno de esos reveses ha presentado matices divisionistas diferentes.

Las dos primeras ivisiones del PRD

En 1973 fue la primera vez que el PRD sufrió una división importante cuando su líder, el profesor Juan Bosch, abandonó sus filas y formó el PLD, llevándose consigo una minoría pequeña de sus dirigentes y militantes, pero cinco años después el PRD llegó al gobierno encabezado por Antonio Guzmán Fernández.

Tras esa primera manifestación de enemistad intra perredeísta, el profesor Bosch descalificó a su delfín predilecto, Peña Gómez, diciéndole de todo y utilizando toda clase de adjetivos denigrantes en su contra.

La segunda división importante se empezó a gestar durante la convención de 1981 cuando Jacobo Majluta y Salvador Jorge Blanco se disputaron la candidatura presidencial y el primero se negaba a reconocer el triunfo obtenido por éste en buena lid.

Para que la crisis suscitada entonces se superara, Peña Gómez se vio precisado a darle su espaldo anticipado a Majluta para que fuera el candidato presidencial del PRD en 1986-

A más de eso le entregó la presidencia del partido al “majlutista”  Rafael Molina Ureña, y al propio Majluta lo escogió de dedo como candidato a senador por el Distrito Nacional en 1982, con lo cual le entregó un billete premiado de antemano.

Pugna entre AG y Franco B.

Entre finales de 1981 y aún fresca la negativa de Majluta a reconocer su derrota en la convención, se suscito otra crisis a lo interno del perredeísmo, a consecuencia de una extraña confrontación entre el presidente Guzmán y el entonces síndico capitalino Pedro Franco Badía, cuando el primero le negó al segundo los fondos necesarios para recoger la basura de la capital.

A consecuencia de ello la ciudad de Santo Domingo se convirtió en un enorme basurero, y fue necesario utilizar soldados y camiones militares para recoger los desperdicios amontonados por doquier, lo que menguó considerablemente la tradicional fortaleza electoral del PRD en la capital de la República.

A causa de esa mengua de simpatías, fue que Peña Gómez se vio forzado a asumir la candidatura a síndico capitaleño, contribuyendo así, decisivamente, al triunfo de su partido en las elecciones de ese año 82, ya que para entonces se utilizaba una boleta electoral única que incluía a los candidatos presidenciales, legislativos y municipales.

En dichos comicios, Majluta, Jorge Blanco y Peña Gómez resultaron cada uno ganadores, pero la irrefrenable proclividad divisionista y la enemistad visceral acuñada entre sí por los dirigentes perredeístas volvió, a aflorar de nuevo en 1984 cuando la mayoría legislativa “majlutista” no aprobó el contrato para la construcción de la presa de Madrigal, desconociendo de paso una decisión de apoyo aprobada previamente por la Comisión Política del PRD.

 Dos presidentes del Senado y “concordazo”

Esa enemistad entre dirigentes del PRD siguió latente sin ningún disimulo, aflorando de nuevo en agosto de 1985 cuando la bancada perredeísta en el Senado eligió dos presidentes distintos de la cámara alta, y se agravó de mala manera en noviembre de ese mismo año a causa del “concordazo”, el cual impidió conocer los resultados para definir el candidato presidencial del partido blanco para los comicios de 1986.

Para paliar o encubrir la crisis que entonces carcomía la unidad interna perredeísta, el presidente Jorge Blanco propuso un acuerdo entre los tres principales líderes del partido que denominó  “Pacto de la Unión”, mediante el cual Majluta sería el candidato presidencial, correspondiendo la mayoría de las candidaturas a senadores y diputados a los “peñagomistas” y “jorgeblanquistas”.

Aún así, la enemistad que siempre los ha destrozado volvió resurgir cuando Majluta se opuso fírmemente a las candidaturas a diputados de los “jorgeblanquistas” Hatuey Decamps, José Michelén y Rafael Flores Estrella, entre otros, a los que acusó de impopulares, y rechazó igualmente la candidatura a senadora por el Distrito Nacional de Asela Mera de Jorge, la esposa del presidente de la República.

A más de, eso en casi todas las provincias, dirigentes “majlutistas” se inscribieron paralelamente y por su propia cuenta como candidatos a senadores del PRD, desconociendo a aquellos aprobados de común acuerdo por las tres tendencias  que realizaron varias reuniones con esa finalidad.   

Nuevamente la enemistad

Esa locura divisionista se manifestó igualmente por vía del recién formado partido “majlutista” La Estructura, el cual se negó a respaldar ante la JCE a numerosos candidatos a senadores del PRD, razón por la cual cinco de ellos perdieron su elección en los comicios de ese año 86.

Fue en medio de ese “tsunami de enemistad visceral” que el PRD participó en los comicios de ese año, teniendo en su contra a una “Comisión de Notables” designada por el presidente Jorge Blanco e integrada en su mayoría por personas adversas al  perredeísmo.

 Fue esa “Comisión de Notables” la que en la práctica desplazó de sus funciones a la JCE, al oponerse a que se contaran los votos observados del “doble rayado” y de la segunda prórroga para sacar nuevas cédulas y carnets electorales, los cuales mayoritariamente favorecían al PRD.

Todas esas manifestaciones sucesivas de enemistad entre los perredeístas e incluso entre una parte de éstos y aliados electorales de su partido, se conjugaron para la derrota del PRD en 1986, y fue en esa ocasión donde se materializó inequívocamente la sentencia de Peña Gómez de que “solamente el PRD dividido derrota al PRD”. (Continuará)                       

 

Autor: Emilio Herasme Peña

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