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ACCIDENTES
A puerta cerrada : relatos diaspóricos del trujillato
A PUERTA CERRADA : RELATOS DIASPÓRICOS DEL TRUJILLATO
02 DE JULIO DEL 2012 Jochy HerreraSABER MÁSACERCA DEL AUTOR
JOCHY HERRERA
Escritor
Sobre mí
Jochy Herrera (Santiago, 1958) reside en Chicago donde comparte el quehacer cultural con el ejercicio de la Cardiología. Es colaborador de La Jornada Semanal (México), Agenda del Sur (Argentina), Claridad (Puerto Rico) y otros medios digitales en Estados Unidos. Es miembro de la Mesa Directiva de la Revista Contratiempo en Chicago y autor de Extrasístoles (y otros accidentes) (Vocesueltas, 2009) y Seducir los sentidos (Mediaisla, 2010).
“Pienso que sin tener en cuenta la voz femenina, cualquier aproximación a la dictadura, estará incompleta”
Hace varios años, Frank Moya Pons indicó que a juzgar por la ploriferación de estudios, novelas, memorias, artículos y antologías acerca de Trujillo y su régimen, podía concluirse que la trujillología “se había instalado con firmeza en la academia y la literatura dominicana”. Es como si sus autores hubieran perdido el miedo a publicar sus recuerdos, revelar sus secretos y presentar públicamente sus pareceres, anotaba el reconocido historiador. Son más de una incluso, las antologías de cuentos sobre el dictador ya publicadas; entre ellas se destaca la recopilada por Miguel Collado: El fantasma de Trujillo (CEDIBIL, 2010), obra que recoge relatos de Marcio Veloz Maggiolo, Juan Bosch, René del Risco, Hilma Contreras, Miguel Alfonseca, Roberto Marcallé Abréu, Pedro Peix, José Alcántara Almánzar y un largo etcétera.
Aunque no es nuestro interés abordar el tema a profundidad en estos comentarios, consideramos pertinente resaltar el hecho de que los pioneros de la cuentística trujillística, desde sus inicios, publicaron desde el extranjero; desde países tan dispares como Cuba, México, Francia y Chile, como fue el caso de Bosch, Pedro Henríquez Ureña, José Ramón López y Tomás Hernández Franco. Aquelladiasporidad del temprano relato dominicano, a mi modo de ver, plantó semillas que no sólo influenciaron generaciones posteriores, sino que curiosamente aparece evidenciada en autores contemporáneos que han publicado desde fuera de República Dominicana y sobre República Dominicana: Rubén Sánchez Féliz, Rey Andújar, Aurora Arias, Juan Dicent, José Tobías Beato, Kianny Antigua y René Rodríguez Soriano, entre otros.
Aun más, el trujillato, como temática, en un interesante fenómeno cultural y lingüístico, traspasó idiomas y nacionalidades cuando Julia Alvarez, Junot Díaz y Vargas Llosa lo incorporaron a sus imaginarios, una vez más, impregnando esa trujillología literaria de un enriquecedor sabor extranjero. La colección de cuentos A puerta cerrada (Ediciones Torremozas, 2012) de Nayla Chehade (Cali, Colombia), es el más reciente ejemplo de tal fenómeno, relatos donde la autora revela voces que “reconstruyen literariamente espacios silenciados por las versiones oficiales de la historia en el marco de la dictadura”.
Sea entre los fantasmas de Palma Sola, ante la masacre provocada por la palabra perejil o el horrendo feminicidio del que aquellas tres hermanas fueron víctimas, en estos textos Chehade se aferra al terror y a la incertidumbre para sacudir al lector que escucha, en primera persona, personajes “anónimos” sometidos en silencio por la ignómina omnipresente imagen del sátrapa; la que invade iglesias, hogares, prostíbulos y monumentos junto a la de sus fantasmas.
Se trata de ecos femeninos cuyas vidas están al hilo del espanto: ante el asesinato de un esposo, un hijo o la violación de una adolescente; en la santera que narra la brutal pobreza de la siempre olvidada frontera dominico-haitiana; en la prostituta víctima de la traición, el desamor y la maldad del Jefe y en la jovencita que abandona la inocencia a causa de ello. En fin, verbo de mujeres que rompen mordazas y códigos de la tradición de la que fueron doble víctimas gracias un régimen que hizo del país el predio personal de un megalómano sin par.
“Que me bese con los besos de su boca... que me apriete con la carne de sus labios... que lo odie con la fuerza de mis besos... que lo borre de mi vida con el filo de mi aliento... que lo tache para siempre de mi alma con el fervor de mis labios... que lo disuelva entero con la fuerza de mi deseo, gimió, que me muera y vuelva a nacer, suplicó y se quedó dormida”. La pesadilla que atrapó a toda una nación y las mujeres que la cuentan, son dos ejes fundamentales en la madeja creada por Chehade; el tercero es el erotismo. El reflejado en estos ruegos ‒casi súplicas‒ que narran las visiones de una adolescente soñando con la imagen casi divina del mismo malvado hombre que posteriormente odiará. Porque en este libro “lo poético, lo erótico y lo político se suman para perfilar figuras e iluminar complejos aspectos de su realidad personal y de su entorno”, en palabras de la autora.
Diógenes Céspedes ha revisado las anotaciones de Bosch sobre las que a su parecer, constituyen las leyes regidoras de la técnica del cuento: la fluencia constante, “la acción no puede detenerse jamás; tiene que correr con libertad en el cauce que le haya fijado el cuentista (...)”; la ley de la palabra precisa para describir la acción, “La palabra puede exponer la acción, pero no puede suplantarla” y la ley del hecho-tema único, es decir, que “la importancia no quiere decir novedad, caso insólito, acaecimiento singular, sino que el hecho es de indudable valor humano o humanizado”. A mi parecer, el fajo de historias que conforman A puerta cerrada es fiel a aquellas leyes, no sólo por la fluidez de los relatos, que de pronto se les escapan de la mano a la autora y los hechos acaecidos se imponen sobre las palabras mismas (Trujillo y sus esbirros aparecen mudos, no hablan porque sus acciones son indescriptibles), sino también porque los personajes se palpan y se tocan; como seres de carne y hueso. Contradictorios, tiernos, asqueantes o hipócritas.
Chehade utiliza hábilmente las costumbres dominicanas del diario vivir y el léxico popular regalando así pinceladas que saben a Dominicana aunque la autora sea colombiana; su temporal residencia en el país por una década, al parecer, fue lo suficientemente intensa como para motivar estos relatos. En una suerte de catarsis personal, yo diría, a través de las ideas de alguien “ajeno” a dichos eventos se rescata el dolor de tanta mujer y hombre deshumanizados por aquél régimen. Confiesa Chehade cómo la figura de Trujillo fue para ella casi una obsesión que le calaba en lo más hondo: “Me intrigaba, sobre todo, su carácter paternalista, la relación “amor”/odio/terror de gran parte del pueblo hacia quien controló por tantos años los espacios de la gente, que trató de imprimir su huella en cada resquicio de la mente y el corazón de los ciudadanos y se convirtió en casi mito, en lamentable arquetipo fundacional de una nación”.
Recordemos que la cuentística trujillística ha sido protagonizada por escritores de sexo masculino, y que salvo unas cuantas autoras, tal como ha indicado Chehade, “...las voces femeninas que relatan la experiencia de la tiranía desde su propia perspectiva y a partir de sus propias incertidumbres, contradicciones, anhelos y pesares, han estado ausentes de este proceso de exploración de la dictadura y sus efectos”.
A puerta cerrada fue seleccionado en Bogotá como primer finalista del concurso Premio Nacional de Cuento auspiciado por el Ministerio Colombiano de Cultura, y recientemente, en el marco de la Feria del Libro de Bogotá, la prestigiosa revista Granta en españolpresentó Colombia. Sus armas ocultas, un dossier que incluyó textos de Chehade y otros 12 compatriotas como “una apuesta de escritores colombianos a descubrir”.
La autora se desempeña como Catedrática de la Universidad de Wisconsin-Whitewater en EE.UU. y ha residido en dicho país por gran parte de su vida; actualmente trabaja en la novela Ardiente es el paraíso un capítulo de la cual puede leerse en el blog literario de El País (http://www.elboomeran.com/nuevo-contenido/347/ardiente-es-el-paraiso/).http://www.acento.com.do/