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Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a

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SI TOCA ESA TECLA "TU HUNDE"

La tecla espera
Por CARMEN IMBERT BRUGAL (IMBERT.BRUGAL@GMAIL.COM) 
2:00 am  Sé el primero en comentar
 

Durante la campaña electoral del año 1994, el sorprendente candidato a la vicepresidencia por el Acuerdo de Santo Domingo osó amenazar a su opositor. El fragor brutal contra Peña Gómez, exigía gallardía. Fue una campaña canallesca. Entonces, el aspirante dijo que revelaría documentos “que harían caer santos”. Aquello iba dirigido, nada más y nada menos, que a su antiguo mentor, Joaquín Balaguer. El sempiterno líder rojo, iracundo, con uno de esos arrebatos teatrales que encandilaban, respondió: “Él no puede hablar. Si toca esa tecla pierde. Se lo digo yo que soy su amigo. Él lo sabe”.

El gesto se pervirtió, la complicidad evitó ir más allá de las palabras. Nadie exigió, ni insistió. Se suceden esos truculentos e hiperbólicos arranques, como el de aquel oficial que entretuvo a la candidez nacional con el anuncio de denuncias trascendentales. Nunca se produjo la confesión. Los mullidos asientos de sus vehículos de colección, encubren la información. Ninguno reclamó y él, nada dijo.

Las gradas se divierten ahora con una reyerta que sin querer encubre y encubriendo delata. Es frecuente el intercambio de imputaciones entre los representantes del Ministerio Público y del Poder Judicial. Aquí y en otros lugares, ocurre. Reproches del presidente de la Suprema Corte de Justicia, al Procurador General de la República y viceversa, de jueces de jurisdicción ordinaria a fiscales. Las reseñas de estas diferencias, sin embargo, interesan más cuando involucran a los funcionarios de las jurisdicciones del Distrito Nacional. Por distorsión del principio de indivisibilidad que rige al Ministerio Público, siempre se ha creído que la procuraduría del DN tiene categoría diferente. Las condiciones son distintas por aquello de “capital es capital”, pero la fiscal de Pedernales o el fiscal de Salcedo, son equiparables a la representación del Distrito Nacional.

Las imputaciones se refieren a la responsabilidad con el destino de los procesos, al tú sueltas y yo condeno, al resultado deficiente de una investigación que permite una decisión controversial, al contubernio con el crimen de unos y otros. Los denuestos se quedan en las redes o en la tinta del periódico. La interposición de querella no es habitual. En el año 1984, la Suprema Corte de Justicia recibió la querella de una ayudante de la procuraduría fiscal del DN, contra el Procurador General de la República, pero la acusación formal de miembros del Poder Judicial contra integrantes del Ministerio Público, es novedad. El destino de la diligencia es incierto. La especulación se encarga de advertir sobre el decurso y mientras tanto, el tema está presente en cada esquina. Porque la pendencia encanta y la provocación también. El lance fascina, mostrar el pecho, amagar y no dar. El coliseo al pretorio. Afición por la bulla, por el destripe ético. Rehuir la institucionalidad es la norma. La riña entretiene y la búsqueda de acuerdos también.

Hay un badén de errores, de infracciones sin consecuencias, entre las antiguas comisiones de notables, que decidían elecciones y escogían culpables, pautaban exilios y defendían patrimonios, hasta los intervinientes voluntarios. Esos fisgones del poder, tan temerarios como temerosos. Azuzan pero rechazan la develación. No quieren sinceridad ni pruebas. Prefieren dimes y diretes injuriosos, la diversión de pasillo sin apelación. La desnudez los atormenta y espanta, porque compromete, aunque no avergüenza.

Echar agua al vino ha sido principio. Las cuentas pendientes son tantas que el desglose agotaría. Las minorías rectoras, esa persistente legión de la ética estética, pretenden continuar con el protagonismo de hazañas efímeras. Buscan adeptos para que la pelea sea en la plaza y no en la jurisdicción adecuada. El proceso comenzó y tiene que continuar, con la prudencia que amerita.

La responsabilidad contraída debe asumirse con valentía y donaire. Luego de  imputaciones tan severas en contra de una de las partes y de reclamos contra la otra, la indiferencia del poder judicial y del ministerio público, contribuiría a ratificar el descrédito que muchos disfrutan y aúpan. La tecla espera. Tóquenla.   

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