Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
| EDITORIAL: Tony Raful Las diferencias entre el Partido de la Liberación Dominicana y el Partido Revolucionario Dominicano no se manifiestan en el campo ideológico donde es posible postular ideas y hacer propuestas coincidentes, sino en el ejercicio del poder, en la concepción política del Estado, en la forma y sentido de ejercer el poder y en la manifestación concreta de concentración de los poderes constitucionales en usufructo de un sector excluyente de la partidocracia nacional. El grupo dirigente del PLD, puede realizar actos y acciones de recordación de la memoria del profesor Juan Bosch, pero su pensamiento e ideas están divorciados de las concepciones que guiaron su praxis y marcaron su liderazgo. Con la declinación de las ideologías en el aspecto beligerante en el cual éstas se manifestaron en el siglo pasado, el grupo dirigente peledeísta escogió el camino del aferramiento del poder a cualquier precio, desconociendo principios y acentuando los rasgos autoritarios y conducta cuestionable de su legitimación política. Juan Bosch fundó los dos partidos, el PRD y el PLD, cuando creó el PLD lo hizo poseído de la convicción de que el PRD, el gigante democrático que abrió las luchas democráticas en el país, y condujo a las experiencias de participación popular en la búsqueda del destino de la Patria, había cumplido su misión histórica. Este criterio lo llevó a desarrollar una organización cerrada, en la que pretendió impedir que los vicios sociales de la clase media y de los sectores populares se reprodujeran internamente. Se trató de un proyecto diferenciado de la gran masa popular, pero dirigido teóricamente hacia y en defensa de los intereses populares para su liberación y conquista de sus derechos y reivindicaciones. Una especie de concepción que pudo resumirse en la idea de por el pueblo, para el pueblo, pero sin en el pueblo, creando una separación del nuevo partido de las base popular que nutrió la estructura política del PRD. Por ello el PRD conservó y magnificó sus fuerzas y gravitación política mientras el naciente PLD dirigido por la experiencia de Bosch, se mantuvo al margen de esa gran masa popular. El PLD era un partido de cuadros, donde había exigencia para ingresar, cursillos de contenido histórico y hasta decálogos morales que debían cumplir los aspirantes a miembros y los dirigentes de su comité político. La voluntad de trabajo se manifestó en la búsqueda de recursos en las calles y esquinas de las ciudades, recabando centavo a centavo, el dinero que financiaba sus actividades. Con la exclusión de Bosch de su jefatura efectiva de poder el PLD pasó a ser dirigido por un sector social que echó por la borda todos sus principios, aún cuando conservaba un verbalismo de avanzad progresista. Ese grupo en vez de unir sus fuerzas y compactar el sector liberal de la sociedad dominicana, presente tanto en el PRD como en el PLD y otras fuerzas políticas y sociales, decretó el fin de ese proyecto iniciado por los trinitarios en 1844. Conceptos tan oportunistas y deficientes moralmente como e que en la política se hace lo que conviene, que el poder no se entrega, que todo vale en la actividad política y el culto a la permanencia indefinida en el Estado, sin apego a ninguna regla teórica, empezaron a normar su nueva visión del Estado. Solamente así se explica la toma del Partido de la Liberación Dominicana, por un grupo ambicioso, capaz de pactar con quien sea con tal de mantenerse en el gobierno, un grupo desalmado que se ríe de los reclamos y las demandas sociales, que ha elaborado la idea de que un escándalo tapa otro sin necesidad de investigar lo suficiente o establecer responsabilidades, un grupo que se trazó exitosamente la tarea de convertir el país en un mercado donde todo se vente y se compra, donde la conciencia, el más alto atributo humano d racionalidad y vergüenza, está expuesta a las leyes de la oferta y la demanda, logrando convertir a muchos patriotas nacionales en seres cansados, decrépitos moralmente sumados a un destino sin gloria ni trascendencia humana. El PLD de hoy es una negación en términos cualitativos del proyecto de Juan Bosch, pero también lo es del proyecto nacional del PRD que encarnó José Francisco Peña Gómez. Su aprobación la carrera luego de desoír las voces mayoritarias que en la consulta realizada por el Gobierno pidieron una constituyente y luego la concentración de poderes, de todos los poderes del Estado, bajo una sola voluntad granítica, obediente, incondicional, ha infectado el cuerpo de la República, lo ha enfermado gravemente, demandando una reacción enérgica y clínica, que restaure sus energías perdidas y lo reencause por senderos institucionales. Pudimos haber avanzado pero hemos retrocedido, se trata de una pose, de una simulación de grandes proporciones que han posibilitado el deterioro de la vida, su empobrecimiento social y moral. La juventud dominicana, esperanza y reserva de la nación, debe jugar un rol decisivo en el desplazamiento de la camarilla que se desvió de los principios, que para mantenerse en el poder tiene que comprar conciencia al mejor postor, como los seres infelices que para lograr el amor tienen que comprarlo porque carecen de la fuerza iluminada del corazón y de la belleza del alma. El PRD debe unir a la mayor cantidad de sectores sociales en esta ingente misión de recuperar el destino nacional. Sacar al PLD del Palacio Nacional es más que una gran tarea, es la responsabilidad de un pueblo, impedir que puedan continuar desgobernando, evitar que extingan la llama votiva de los héroes de los padres fundadores de la nacionalidad. El PRD ha sido colocado por la coyuntura, como el único instrumento a través del cual podemos reponer la institucionalidad, el respeto en la sociedad, la seguridad ciudadana, la garantía efectiva de los empleos productivos que liquide las remuneraciones parasitarias de los altos capitostes que ganan cantidades industriales de dinero, con prebendas y demostraciones sociales de poder y prepotencia. Votar por otro partido, de manera independiente es hacerle el juego a la dictadura que se asoma sobre la república, es botar tu voto en el basurero de la historia. ¡Viva el PRD! |