Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a

En el campo del arte y de la ciencia, todo cuanto ahora llamamos “realidad palpable” empezó siendo un mero “acto de imaginación”. Parafraseando contradictoriamente a los sensualistas, podríamos decir: nada hay en la historia de la cultura que no haya estado antes en la imaginación. Si aplicáramos este punto de vista a la literatura, comprobaríamos que el Quijote y la Divina Comedia son concreciones gráficas de fantasías interrumpidas; Cervantes y el Dante padecieron penurias económicas, políticas, sentimentales, que les obligaban a ser “intermitentes” en sus actos de imaginación. Sobre la poesía casi todos están dispuestos a aceptar “explicaciones mágicas”, que no explican, sino más bien “complican” la comprensión del “producto poético”, esto es, del poema.
A los profesionales de la ciencia física podríamos preguntarles: ¿quién de ustedes ha visto un átomo? No lo vieron Leucipo y Demócrito, en la Grecia antigua; tampoco vieron el átomo Niels Bohr, ni Werner Heisenberg, en la época contemporánea. El átomo nunca ha sido “realidad palpable”; es un producto escurridizo de la imaginación: primero de la fecunda imaginación filosófica de los griegos; y después, de las imaginaciones matemáticas, igualmente fecundas, del danés y el alemán. Ninguno de los cuatro tuvo necesidad –como Santo Tomás– de ver para creer. La fe científica de nuestros días descansa sobre un objeto invisible.
Los políticos, inmersos en una actividad presidida por el más crudo realismo, rechazan de plano la mayor parte de los actos de imaginación aplicados a la sociedad. Pero aun en este terreno movedizo, la imaginación ha jugado un papel primordial. Las instituciones políticas deben más a Platón y Aristóteles que a los dirigentes de los partidos. La imaginación política ha estado presente en las sociedades antiguas y lo está en nuestro tiempo. Ninguna de las constituciones que coleccionó Aristóteles para escribir “La política”, ha sido tan duradera, efectiva y “modélica”, como la Constitución de Filadelfia, hija de “Papeles de El Federalista” y, especialmente, de la imaginación de James Madison.
Antropólogos y lingüistas coinciden en que el “homo sapiens” es, hasta ahora, la única especie capaz de crear lenguajes complejos y refinados. Quizás sea más exacto decir que el hombre es el único animal que ha podido desarrollar gran capacidad para imaginar.