Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
EL CONTROL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Noam Chomsky
El papel de los medios de comunicación en la política contemporánea nos obliga a preguntar
por el tipo de mundo y de sociedad en los que queremos vivir, y qué modelo de democracia
queremos para esta sociedad. Permítaseme empezar contraponiendo dos conceptos distintos
de democracia. Uno es el que nos lleva a afirmar que en una sociedad democrática, por un
lado, la gente tiene a su alcance los recursos para participar de manera significativa en la
gestión de sus asuntos particulares, y, por otro, los medios de información son libres e
imparciales. Si se busca la palabra democracia en el diccionario se encuentra una definición
bastante parecida a lo que acabo de formular.
Una idea alternativa de democracia es la de que no debe permitirse que la gente se haga cargo
de sus propios asuntos, a la vez que los medios de información deben estar fuerte y
rígidamente controlados. Quizás esto suene como una concepción anticuada de democracia,
pero es importante entender que, en todo caso, es la idea predominante. De hecho lo ha sido
durante mucho tiempo, no sólo en la práctica sino incluso en el plano teórico. No olvidemos
además que tenemos una larga historia, que se remonta a las revoluciones democráticas
modernas de la Inglaterra del siglo XVII, que en su mayor parte expresa este punto de vista. En
cualquier caso voy a ceñirme simplemente al período moderno y acerca de la forma en que se
desarrolla la noción de democracia, y sobre el modo y el porqué el problema de los medios de
comunicación y la desinformación se ubican en este contexto.
LOS PRIMEROS APUNTES HISTÓRICOS DE LA PROPAGANDA
Empecemos con la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno.
Ocurrió bajo el mandato de Woodrow Wilson. Este fue elegido presidente en 1916 como líder de
la plataforma electoral Paz sin victoria, cuando se cruzaba el ecuador de la Primera Guerra
Mundial. La población era muy pacifista y no veía ninguna razón para involucrarse en una
guerra europea; sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte
en el conflicto. Había por tanto que hacer algo para inducir en la sociedad la idea de la
obligación de participar en la guerra. Y se creó una comisión de propaganda gubernamental,
conocida con el nombre de Comisión Creel, que, en seis meses, logró convertir una población
pacífica en otra histérica y belicista que quería ir a la guerra y destruir todo lo que oliera a
alemán, despedazar a todos los alemanes, y salvar así al mundo. Se alcanzó un éxito
extraordinario que conduciría a otro mayor todavía: precisamente en aquella época y después
de la guerra se utilizaron las mismas técnicas para avivar lo que se conocía como Miedo rojo.
Ello permitió la destrucción de sindicatos y la eliminación de problemas tan peligrosos como la
libertad de prensa o de pensamiento político. El poder financiero y empresarial y los medios de
comunicación fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez,
obtuvieron todo tipo de provechos.
Entre los que participaron activa y entusiásticamente en la guerra de Wilson estaban los
intelectuales progresistas, gente del círculo de John Dewey Estos se mostraban muy orgullosos,
como se deduce al leer sus escritos de la época, por haber demostrado que lo que ellos
llamaban los miembros más inteligentes de la comunidad, es decir, ellos mismos, eran capaces
de convencer a una población reticente de que había que ir a una guerra mediante el sistema
de aterrorizarla y suscitar en ella un fanatismo patriotero. Los medios utilizados fueron muy
amplios. Por ejemplo, se fabricaron montones de atrocidades supuestamente cometidas por los
alemanes, en las que se incluían niños belgas con los miembros arrancados y todo tipo de
cosas horribles que todavía se pueden leer en los libros de historia, buena parte de lo cual fue
inventado por el Ministerio británico de propaganda, cuyo auténtico propósito en aquel momento
-tal como queda reflejado en sus deliberaciones secretas- era el de dirigir el pensamiento de la
mayor parte del mundo. Pero la cuestión clave era la de controlar el pensamiento de los
miembros más inteligentes de la sociedad americana, quienes, a su vez, diseminarían la
propaganda que estaba siendo elaborada y llevarían al pacífico país a la histeria propia de los
tiempos de guerra. Y funcionó muy bien, al tiempo que nos enseñaba algo importante: cuando
la propaganda que dimana del estado recibe el apoyo de las clases de un nivel cultural elevado
y no se permite ninguna desviación en su contenido, el efecto puede ser enorme. Fue una
lección que ya había aprendido Hitler y muchos otros, y cuya influencia ha llegado a nuestros
días.