Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
LA DEMOCRACIA DEL ESPECTADOR
Otro grupo que quedó directamente marcado por estos éxitos fue el formado por teóricos
liberales y figuras destacadas de los medios de comunicación, como Walter Lippmann, que era
el decano de los periodistas americanos, un importante analista político -tanto de asuntos
domésticos como internacionales- así como un extraordinario teórico de la democracia liberal.
Si se echa un vistazo a sus ensayos, se observará que están subtitulados con algo así como
Una teoría progresista sobre el pensamiento democrático liberal. Lippmann estuvo vinculado a
estas comisiones de propaganda y admitió los logros alcanzados, al tiempo que sostenía que lo
que él llamaba revolución en el arte de la democracia podía utilizarse para fabricar consenso, es
decir, para producir en la población, mediante las nuevas técnicas de propaganda, la aceptación
de algo inicialmente no deseado. También pensaba que ello era no solo una buena idea sino
también necesaria, debido a que, tal como él mismo afirmó, los intereses comunes esquivan
totalmente a la opinión pública y solo una clase especializada de hombres responsables lo
bastante inteligentes puede comprenderlos y resolver los problemas que de ellos se derivan.
Esta teoría sostiene que solo una élite reducida -la comunidad intelectual de que hablaban los
seguidores de Dewey- puede entender cuáles son aquellos intereses comunes, qué es lo que
nos conviene a todos, así como el hecho de que estas cosas escapan a la gente en general. En
realidad, este enfoque se remonta a cientos de años atrás, es también un planteamiento
típicamente leninista, de modo que existe una gran semejanza con la idea de que una
vanguardia de intelectuales revolucionarios toma el poder mediante revoluciones populares que
les proporcionan la fuerza necesaria para ello, para conducir después a las masas estúpidas a
un futuro en el que estas son demasiado ineptas e incompetentes para imaginar y prever nada
por sí mismas. Es así que la teoría democrática liberal y el marxismo-leninismo se encuentran
muy cerca en sus supuestos ideológicos. En mi opinión, esta es una de las razones por las que
los individuos, a lo largo del tiempo, han observado que era realmente fácil pasar de una
posición a otra sin experimentar ninguna sensación específica de cambio. Solo es cuestión de
ver dónde está el poder. Es posible que haya una revolución popular que nos lleve a todos a
asumir el poder del Estado; o quizás no la haya, en cuyo caso simplemente apoyaremos a los
que detentan el poder real: la comunidad de las finanzas. Pero estaremos haciendo lo mismo: