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Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a

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EL PLD QUIERE QUEDARSE

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Por CARLOS FRANCISCO ELÍAS

Vuelvo a decirte quién eres.Vuelvo a pensarte, suspenso.

Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo. 

Gabriel Celaya

 

Uno quisiera, a veces, reír a borbotones, mirar un árbol, salir a la calle bajo estas lluvias  abrileñas, ilusionarse, saber que todo tiempo que se avecina podría ser mejor.

Sin embargo, el pesimismo interior, que nada tiene que ver con la estabilidad propia de la vida cotidiana, ese existencialismo en clave de leve tristeza, cubre ligeramente esas nubosidades azules, que a veces nos mueven a vivir con entusiasmo.

Pero la inteligencia reclama un uso, la reflexión abarca entonces todos los espacios y uno se siente obligado a ver la vida y sus circunstancias, con realismo demoledor.

El PLD tiene unas ganas terribles de ganar las elecciones; el pueblo, de su lado, tiene unas ganas frenéticas de sobrevivir. Simetrías opuestas de dolorosas aristas; largo puente de ilusiones masacradas.

No hay que ser ciego, o ponernos una venda en los ojos, para mirar y sentir que hay un leve aire de cosas irreversibles que colocan al país en ese limbo de crisis contenida, en esa contención humana que supone un largo respiro, mientras la oportunidad del desenlace se acerca.

Se nos obliga a buscar la coherencia de los años duros, práctica que no se pierde ni se olvida, mucho menos cuando las aventuras políticas de teatros fracasados, puestas en escena televisivas bilingües, connubio binacional activado para la impunidad de un felino actor, están a la orden del día.

Por cierto ¿Han notado como poco a poco el factor corrupción ha roto las barreras de acercamiento con un Haití oficial y representativo, sin que la maldita monserga ultranacionalista se desmadre en ese aburrimiento histérico del domingo cada mediodía?

No tengo miedo, el instinto me sugiere -para eso se lee la historia del poder en cada gesto turbio- de que en cada acción maquinada la prisa es mala consejera, porque en su lienzo agitado la sombra  ronda reflejando la silueta del manotazo-susto, a punto de golpear al país en pleno corazón.

El PLD tiene unas ganas terribles de ganar, pero la gente en la calle tiene unas ganas terribles  de sobrevivir y superar parte de una historia, de un proyecto que, a todas luces se desborda en sus propias mentiras y sus públicos errores de cálculos. Mi pluma no defiende personaje no muy querido, de cuya boca han salido insultos a periodistas humildes que solo han cumplido con su trabajo (la memoria es un fardo para el recuerdo útil y a tiempo), pero tampoco soy tan estúpido para creerme lo que nadie se cree: una conspiración cuya puesta en escena quería imitar a los Hermanos Marx, quedándose corta con el consabido efecto Boomerang.

En este punto me pregunto: ¿Existen las fuerzas oscuras en un país, como en los peores  inicios de la transición política dominicana?… La respuesta lleva a esos momentos de crisis presentidas, que justamente traen esos aires irreversibles, como los que ahora presiento.

Solo el uso turbio del poder, necesita de fuerzas oscuras como una compensación sigilosa, que borra huellas del delito por doquier, con la distraída convicción de que nadie vigila, para hacer pública la evidencia del engaño y el timo.

¿Han notado como poco a poco el factor corrupción ha roto las barreras de acercamiento con un Haití oficial y representativo, sin que la maldita monserga ultranacionalista se desmadre en ese aburrimiento histérico del domingo cada mediodía?

Al cabo de casi una década de poder, la utopía de pretender vivir con un mínimo de dignidad se ha convertido en un trauma de desesperación, porque el modelo del bandidaje social tiene estímulo desde arriba, como paradigma para la construcción de una sociedad donde el sobreviviente se jacta orgulloso de haber ganado status, dándole patadas de acero a su contrincante, hasta dejarlo con los parpados yertos en un largo río de sangre.

En la República Dominicana de hoy, el desencanto tiene muchas de expresiones, la crónica roja es una de ella.

En las historias de la crónica roja, hay una lectura de los peores síntomas de una sociedad, desbordada por los feminicidios,  hace que esta sociedad  acumule deudas morales muy difíciles de pagar, porque la muerte nunca retorna con vida en las manos…

Mirar todo eso con tranquilidad pasmosa de que nunca se podrá resolver o buscar paliativos ridículo y poco eficaces, también es una indolencia del poder, cuya preocupación esencial,  la pútrida madeja, se desenreda con sus hilos de pus, cada mañana, cada tarde, cada noche…

Muchos nos hemos quedado con sed de utopías. Que haya normativas sociales posibles. Que no sea utopía querer vivir con el rigor de la transparencia, que incluso la misma pueda ayudar a buscar un referente de cohesión nacional, que relance el entusiasmo de vivir en este terruño insular que nos cobija y que tanto amamos.

Quizás soy utópico, lo confieso, pero hasta la muerte, otra bandera no puedo hacer ondear con alegría y ganas entrañables de vivir, sabiendo que aún este país puede ser mejor, mucho mejor.

Una vez más habrá que convertir la gran tristeza, esa señora muda que se sienta en el corazón y lo pellizca, en una gran esperanza, para hacer de  una posible tragedia política,  un nuevo aliento posible: el PLD, tiene unas ganas terribles de ganar, pero la calle habla de un fin del régimen, de balances de la historia del poder y el efecto letal de errores con afilados rostros autoritarios.

Esas riquezas interminables, defendidas a capa y espada en pleno pulmón de la campaña electoral, han hecho daño al proyecto de Danilo ante quienes estaban indecisos, negarlo sería hacer un flaco servicio a la verdad.

Convertir la defensa de delincuentes con saco y corbata, de lujosa sonrisa, en parte de la campaña electoral, envía el mensaje de que el sujeto si reparte y lo hace bien, nunca será señalado por el justo dedo acusador.  ¿Quién podrá hacer marchar de nuevo la máquina de ilusiones en la República Dominicana?…

Esa máquina está oxidada, y sin tuercas, no nos llamemos a engaños.

 

(Publicado originalmente en Acento.com)

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