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Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a

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FUNES Y EL PLD

24 DE ABRIL DEL 2012

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WILFREDO LOZANO

Sociólogo

Sobre mí

Director General del Centro de Investigaciones y Estudios sociales (CIES). Sociólogo graduado en la UASD. Obtuvo un Doctorado en Ciencias Sociales con Especialidad en Sociologia, Centro de Estudios Sociologicos, El Colegio de México (1 976-1979). Profesor-Investigador invitado del Programa de Doctorado en Ciencias Sociales con Especialidad. En Sociologia del Centro de Estudios Sociológicos (CES) de El Colegio de Mexico).

En uno de sus mejores relatos Jorge Luis Borges narra la historia de Ireneo Funes que poseía la extraordinaria cualidad del recuerdo total, de la memoria absoluta.  Murió joven, según Borges a los diecinueve años, de una congestión pulmonar.  Sostiene el escritor argentino que en el fondo, sin embargo, su muerte es el producto de su formidable memoria.

Explico la tesis de Borges: la memoria absoluta es una cualidad mortífera, pues bloquea la posibilidad de la abstracción que se sostiene en el olvido, condición necesaria de la comparación, base del juicio lógico, pero también de la imaginación y el propio pensamiento. Sin este último la vida del sujeto humano no podría concebirse, al menos en la forma en que estamos acostumbrados a suponerla, como lo estableció Descartes.

El PLD es una especie de Funes político a la inversa, incapaz de pensar la realidad como lo que es, pues su obcecada memoria le obliga a detener el tiempo histórico en el año 2003, se encuentra impedido de apreciar que casi una década de gobierno propio es tiempo más que suficiente para desprenderse del fantasma del pasado y caminar con sus propios pies, pero sobre todo de asumir las propias culpas, no tanto quejarse de las ajenas.

Lo peor es que esa fijación -casi un delirio en el lenguaje de Freud- lleva a ese partido a desfigurar no sólo la historia, sino el entendimiento del propio presente, de su propia gestión de gobierno, pues la misma es para dicho conglomerado político una eterna disputa contra el fantasma del 2003 y no como lo que representa: el fruto de su propio accionar como administración y gobierno que afecta a quienes vivimos el aquí y el ahora, en el lenguaje de Unamuno. Naturalmente, asumir esto lo llevaría a reconocer no sólo los aciertos, sino sobre todo los errores que en casi diez años de gobierno ellos han cometido y en grandes proporciones.

Tal parece que dicho partido,  mientras más se resiste a reconocer errores y tropiezos de su ejercicio gubernamental, más se refugia en una imagen idílica de lo que ha sido su propia historia y no la ajena. De ahí la permanente recurrencia al 2003 que a sus ojos aparece como la fuente de todos los males y sinsabores que el propio PLD produce. Temo que, con el tiempo, por esta vía el PLD podría llegar a creerse que sus fundamentos como proyecto político no se reconocen en la ruptura con el PRD en 1973, cuando su líder originario Bosch creó la organización y definió su doctrina. Es como si la historia del PLD de hoy comenzara en el 2003 y no en el pacto fáustico con el PRSC en el 1996 que lo llevó a los brazos de Balaguer y de ahí al cielo.

El PLD tiene la obsesión inversa de Funes: esclavizado por la comparación del origen, termina imaginando un presente que no existe, un Nueva York Chiquito con el que todos sus miembros sueñan como el destino último de sus vidas y el camino seguro que al fin deberán tomar. Es como si la marginalidad humana de los pobladores que viven en las márgenes del rio Ozama de repente desapareciera y en su defecto nos moviéramos en el Greenwich Village, escuchando jazz, envueltos en una amena discusión sobre la última exposición de la plástica vanguardista en el Museo de Arte Moderno o MOMA.

Ireneo Funes, al decir de Borges, murió por no poder olvidar los detalles, el PLD lo está haciendo porque todo lo que es el presente que controla se convierte en mito: New York en clave caribeña en pleno Santo Domingo, pero eso ya está en Manhattan; la educación como clave del mundo moderno en un mar de escuelas públicas cayéndose, estudiantes sin aulas y maestros mal preparados; planes y programas modernizadores de la salubridad pública mientras epidemias que pensábamos controladas de nuevo nos amenazan; asumimos que la sociedad de la información está al doblar de la esquina y no tenemos luz eléctrica ni agua potable, miles de nuestros niños orinan y defecan en letrinas, hacen trabajos de adultos, duermen en las calles y no tienen en realidad porvenir.

Es como si estuviéramos en dos mundos: el de Funes, poblado de detalles groseros y el otro, el de la abstracción de quienes gobiernan el país y pretenden su eterno control. Es de esta manera que la obsesión del pasado calamitoso sustituye las calamidades producidas hoy en una permanente justificación del presente, cuya responsabilidad no se asume.

Funes no gozó de la capacidad del recuerdo y por ello no conceptualizó el mundo. El PLD prefiere la obsesión del pasado que le permite lavarse las manos respecto al presente, del cual es responsable, conceptualizándolo todo.

Realmente, para esta organización no hay responsabilidad propia en el aquí y ahora, precisamente porque se es su dueño. Se aferran al presente como su propiedad y tras ello lo arrastran todo. No han comprendido y posiblemente nunca comprenderán, que la historia es sencillamente el fruto de lo que hacen los que viven el presente que un día será también recuerdo y memoria, olvidan también que la historia nunca es mirada con otros ojos que los que nos permite el presente. Por ello siempre está en perpetuo descubrimiento, es una especie de ángel diabólico que a su paso nos sonríe, como nos enseño Walter Benjamin. En su obsesión respecto al pasado, en concreto el 2003, el PLD olvida la historia y con ello el propio presente que le toca y corresponde.

Funes murió por su abarrotada memoria, el PLD algún día lo hará por su obsesión conceptualizadora que hace del mundo un objeto a manipular, que no permite pensarlo y criticarlo, sino “conceptualizarlo” como conjunto vacío. Para el PLD la conceptualización del mundo es siempre un truco, un mecanismo de dominio, una extraña manera de decir que el presente –el que ellos controlan y dominan- es el reino de Jauja, que no necesita ser pensado.

Y ese es el drama: una conceptualización sobre un mundo que nunca ha existido y cuya idea es sólo un mecanismo que permite controlar y mantener el que existe tal cual es, con todas sus injusticias, desigualdades, abusos y atropellos. Prefiero a Funes, pues a mi juicio resulta mejor no conceptualizar y estar siempre abierto a los detalles, a lo real, que conceptualizar el presente de manera tan perfecta que lo sustituimos por un mundo que no existe sino en la cabeza de quienes pretenden controlarnos y dominarlo todo.

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