Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
El próximo 22 de noviembre se cumple el 50mo aniversario del asesinato del presidente John F. Kennedy, un crimen del cual nuestra nación nunca se ha recuperado.
Los investigadores normalmente consideran quién se beneficia de un crimen y qué cambia como resultado del mismo.
En este caso, primero debemos entender quién fue Kennedy y por qué causa luchó; qué éramos como nación, y hacia dónde nos dirigíamos cuando le dispararon. El conocimiento de esto dejará en claro quién lo mató y por qué. Esto nos ayudará a guiarnos en lo que hoy debemos cambiar para lograr nuestra sobrevivencia.
El nacionalismo de Kennedy
Cuando Kennedy regresó de su célebre servicio en la Armada durante la Segunda Guerra Mundial y se enfrascó en la política, se encaminó a poner al mundo de regreso en el camino de su finado comandante en jefe, Franklin Roosevelt, y sepultar al imperialismo.
En su primer discurso político, en la sede de la Legión Americana en Boston, el 18 de noviembre de 1945, como anticipación de su campaña por una curul en el Congreso, explicó la reciente derrota electoral de Winston Churchill contrastando la perspectiva del partido de Churchill con la de Franklin Roosevelt.
El Partido Conservador de Churchill había gobernado Inglaterra, dijo, "durante los años de la depresión, cuando la miseria se cernía sobre las regiones interiores y los campos de carbón de Gales, y miles de miles vivían con la escasa nimiedad de la compensación por desempleo. Donde Roosevelt se ganó su reputación política por las medidas que tomó para superar la depresión, el Partido Conservador perdió la suya".
Y los votantes ingleses habían quedado impactados por ese contraste cuando los soldados de los Estados Unidos de Roosevelt estuvieron estacionados allí durante la guerra: "Inglaterra tradicionalmente ha sido un país con tremendos contrastes entre los muy ricos y los muy pobres. El archi tory Benjamín Disraeli... declaró una vez que Inglaterra estaba dividida en dos naciones, los ricos y los pobres... con la llegada de las tropas estadounidenses, con sus altos salarios, sus cuentos sobre los carros, los refrigeradores y radios para todos, se había fortalecido en Gran Bretaña un nuevo espíritu, una nueva inquietud, y un nuevo deseo por mejores medios de vida".
Pero Kennedy advirtió que aun si el Partido Laborista estuviese en el poder, "Gran Bretaña defiende hoy lo que siempre ha defendido: el imperio".
En ese discurso, Kennedy también habló del heroico Michael Collins, el líder de la rebelión armada irlandesa de 1922 contra Gran Bretaña: "La grandeza de este hombre joven, que fue asesinado a sus escasos treinta y un años, se mantiene hoy en Irlanda, como cuando murió".
Desde la perspectiva de los líderes irlandeses posteriores a la Segunda Guerra Mundial, "todo lo que Irlanda ha conseguido alguna vez de Inglaterra ha sido solo al final de una larga y amarga lucha... Todos han estado en las prisiones inglesas o irlandesas y muchos de ellos tienen heridas que todavía duelen cuando las frías lluvias vienen del oeste". Kennedy mencionó "el problema fundamental que está detrás de toda la política irlandesa es el de terminar la división, que separa a los veintiséis condados del Sur, que forman Eire [Irlanda], y los seis condados del Norte, conocidos como Ulster, que están atados directamente a Gran Bretaña. Todos los irlandeses están de acuerdo... en que esta división debe terminar".
La propia familia de John Kennedy se había formado durante muchas generaciones en el encarnizado conflicto de Irlanda con los británicos.
Descendientes del Gran Rey de Irlanda del siglo 11, Brian Boru, los Kennedy habían sido despojados de sus tierras y convertidos en aparceros. Varios miembros de la familia fueron víctimas en el levantamiento irlandés de 1798. El condado de Wexford, el hogar ancestral de los Kennedy, fue el centro de esa insurrección, y durante un breve tiempo se mantuvo como la República de Wexford.
La "Gran Hambruna" de 1847-48 fue conocida por los irlandeses como genocidio deliberado, dirigido por el primer ministro británico John Russell, quien estacionó a la mitad del ejército británico en Irlanda para supervisar la masiva exportación de alimentos y para mantener quieta a la población cautiva. El hambre, las enfermedades, la emigración en barcos como para esclavos, redujo la población de 9 millones a 2.5 millones. La devastación forzó al bisabuelo de JFK, Patrick Kennedy, a emigrar, y lo llevó a su muerte en Boston, de enfermedad producto de las estrecheces económicas.
El asesinato en masa de los británicos quedó ardiendo en la mente de la familia Kennedy y de todos los irlandeses. Los primos de Kennedy, que habían luchado con el Ejército Republicano Irlandés, estuvieron entre quienes se reunieron con él durante su visita de 1963 a Irlanda, como Presidente de Estados Unidos.
JFK recibió su nombre en honor a su abuelo materno, el venerado alcalde de Boston y congresista John F. Fitzgerald. "El buen Fitz" apoyó enérgicamente la lucha de Irlanda y publicó un semanario llamado The Republic. El abuelo paterno de John, P. J. Kennedy, nació en Boston y llegó a ser el jefe político de un distrito electoral de irlandeses americanos.
John abrazó esta herencia irlandesa. Pero su padre, Joseph P. Kennedy, se asoció con los financieros británicos y de Wall Street, se abrió paso a empujones para obtener una inmensa riqueza y finalmente, se puso del lado de los más altos niveles de la oligarquía imperial británica. La carrera política de John se basaría en una visión apasionada opuesta a las ideas reaccionarias por las cuales su padre devino infame. Sin embargo, en esa familia unida, Joe Kennedy más tarde apoyaría con su dinero y conexiones todos los esfuerzos electorales de su hijo.
Papá Joe apoyó a Franklin Roosevelt durante su campaña presidencial y el 7 de enero de 1938 FDR lo nombró embajador en Gran Bretaña. Tres días después, Roosevelt inició una correspondencia secreta con los británicos, advirtiéndoles que se arriesgaban a que en Estados Unidos surgiera "un sentimiento de aversión" por el "corrupto regateo" que estaban haciendo al apoyar a los regímenes fascistas de Mussolini y Hitler. El primer ministro Neville Chamberlain calificó de "absurdas" las propuestas de FDR. Joe Kennedy fue confirmado en el Senado en medio de esta fría correspondencia, que ahora está disponible en los archivos británicos.[1]
Un año más tarde, después de la invasión de Checoslovaquia por los nazis, el Presidente envió un ultimátum al gobierno británico, amenazando que Estados Unidos podría cortar la ayuda a Gran Bretaña si el imperio seguía auspiciando que Hitler se tomase Europa.[2]
Pero el embajador Kennedy se adhirió con toda devoción al híper aristocrático ministro del Exterior lord Halifax, a la familia real y a todo el grupo de estrategas fascistas de Gran Bretaña. Se mudó con John y sus otros ocho hijos al castillo neogótico inglés Wall Hall, propiedad del banquero de Wall Street a favor de los fascistas, J. P. Morgan, Jr. Los sirvientes de Morgan cuidaron de la familia Kennedy.
Indignado, Roosevelt le dijo en 1939 a su asistente James Farley: "Joe ha sido tomado por la gente del gobierno británico y la familia real. Él es más británico de lo que fue Walter Hines Page [el embajador estadounidense en Gran Bretaña durante la Primera Guerra Mundial]. El problema con los británicos es que durante varios cientos de años han estado controlados por la clase alta. Las clases altas controlan toda la industria y el comercio; por lo tanto, la política del gobierno británico se relaciona completamente con la protección de esta clase".[3]
El imperio y la guerra fría
Después de la muerte de Franklin Roosevelt, Winston Churchill y sus seguidores estadounidenses -–notablemente la camarilla bipartidista de los demócratas Dean Acheson y Averell Harriman, y los republicanos hermanos John Foster Dulles y Allen Dulles-– manejaron el aparato del gobierno de Truman para torcer la política estadounidense y alejarla de la política de paz nacionalista y antiimperial de Roosevelt. Mientras tanto, los agentes dobles británicos, dirigidos por Kim Philby, alimentaron la paranoia rusa con cuentos de miedo contra los estadounidenses.
La política de la Guerra Fría de Churchill confrontó a un temeroso Estados Unidos con las maniobras agresivas de la Rusia soviética en su periferia. De esta manera, la simpatía de Estados Unidos desde 1776 hacia los derechos soberanos de las colonias sometidas se vio rebasada por la necesidad artificiosa de aliarse con Londres y los demás imperialistas financieros europeos en nombre de la lucha contra el comunismo.
En tanto que veía realistamente al comunismo soviético como una distorsión de la historia y de la naturaleza humana, John Kennedy comprendió el trágico error de su padre y sabía que el imperio británico y Wall Street continuaban con la política fascista contra la que había luchado Roosevelt. Él atacó tanto a los demócratas de Truman como a los republicanos de Dulles por bloquear el apoyo de Estados Unidos a las aspiraciones de los pobres del mundo. Esta traición a Roosevelt llevaba a las naciones vulnerables a las manos de los comunistas, que se hacían pasar por antiimperialistas y amenazaban con una guerra de aniquilación nuclear.
Kennedy recorrió Asia y el Medio Oriente en 1951 como congresista y posible senador, acompañado por su hermano menor Robert. En su informe radial a la nación, sobre lo sucedido, podemos ver el fuego intelectual y su firme comprensión de la historia que mostraría una década después en la Presidencia:
"[El mundo colonial de la posguerra] ...es un zona de miseria y de enfermedad y dolor desenfrenados... donde está arraigada desde vieja data la injusticia y la desigualdad... y arden los fuegos del nacionalismo... Por 100 años y más, ha sido la fuente del imperio para Europa Occidental, para Inglaterra, Francia y Holanda...
"Un Comando del Medio Oriente que opere sin la cooperación y el soporte de las naciones del Medio Oriente... intensificaría toda fuerza antioccidental ahora activa en esa zona, [y] desde un punto de vista militar estaría condenado al fracaso. Las mismas arenas del desierto se levantarían para oponerse a la imposición de un control externo sobre los destinos de estos pueblos orgullosos...
"El verdadero enemigo del mundo árabe es la miseria y la necesidad...
"Nuestra intervención a favor de las inversiones petroleras de Inglaterra en Irán, dirigidas más a la preservación de los intereses externos a Irán, que al propio desarrollo de Irán... Nuestro fracaso para afrontar eficazmente, después de tres años, la terrible tragedia humana de los más de 700 mil refugiados árabes [palestinos], todo esto forma parte de las cosas en las que hemos fallado en coincidir con los deseos árabes y vuelven vacías las promesas de la Voz de América...
"En Indochina [Vietnam] nos hemos aliado a los desesperados esfuerzos de un régimen francés para conservar los remanentes del imperio... Tiene sentido frenar los impulsos del comunismo en el sur, pero no solo mediante la dependencia en la fuerza de las armas...
[Uno] encuentra a muchos de nuestros representantes haciendo una adulación servil a los objetivos menores de otras naciones occidentales... con mucha frecuencia alineándose demasiado claramente con los ricos y considerando las acciones de los pobres no meramente como un esfuerzo para remediar la injusticia, sino como algo siniestro y subversivo.
"El Oriente de nuestros días ya no es el Oriente de Palmerston y Disraeli y Cromer... Queremos... aliados en ideas, en recursos, inclusive en armas, pero si tuviéramos aliados, antes que nada debemos juntarnos con nuestros propios amigos".[3]
El libro Perfiles de coraje, del senador Kennedy, fue su declaración de independencia del eje de poder Londres-Wall Street y su desafío a la peligrosamente engañada opinión pública. El libro de 1955 está construido alrededor de su primer capítulo sobre John Quincy Adams, el cual empieza así: "El joven senador de Massachusetts agitaba sin descanso..."
Él pinta a Adams bajo el ataque de los anglófilos pudientes y de la opinión pública de Boston. El católico Kennedy celebra a Adams el puritano, que "creía que el hombre fue hecho a imagen de Dios", tuvo "noble coraje" y "nunca... se amilanó ante el antagonista humano... el exilio, la tortura o la muerte...
"Un americano nacionalista... no podía ceder su devoción al interés nacional por la perspectiva parcial estrecha, parroquial y a favor de los británicos que dominaba al primer partido político de Nueva Inglaterra... Él rechazó el deber de los representantes electos "a ser paralizados por la voluntad de sus electores... El magistrado no es servidor de sus propios deseos, ni siquiera del pueblo, sino de su Dios".
En un discurso que dio el Día de San Patricio, en 1956 en Chicago, Kennedy gentilmente les pidió a los irlandeses americanos ayudarlo a revertir la traición de la herencia de los revolucionarios americanos; y a ensanchar el resentimiento nacional irlandés por las injusticias a favor de la tarea universal de acabar con el sistema imperial.
En el discurso más famoso de Kennedy antes de ser Presidente, titulado "El imperialismo, el enemigo de la libertad", el 2 de julio de 1957 en el Senado, exigió que Estados Unidos se aliara con los rebeldes árabes argelinos contra el imperialismo francés. Atacó la política de Dulles y equiparó la situación norafricana con la situación de Vietnam, en la cual habíamos "derramado dinero y materiales... en un intento sin esperanza por salvarle a los franceses una tierra que no quería ser salvada, en una guerra en la que el enemigo estaba a la vez en todos lados y en ninguno al mismo tiempo... Nosotros aceptamos por años las predicciones de que la victoria estaba justo a la vuelta de la esquina".
El senador Kennedy elaboró ese discurso en colaboración estrecha con el liderazgo de los rebeldes argelinos. Eso emocionó al mundo árabe e infundió ánimo a todos los que tenían esperanzas en un retorno estadounidense de la perspectiva que se vio por última vez con Franklin Roosevelt. Esto puso a Kennedy en una relación decisiva con el industrial italiano Enrico Mattei, un estratega antiimperialista del petróleo y la energía nuclear, que estaba ayudando a financiar la rebelión argelina.
Ese discurso fue atacado por la élite anglófila de su propio Partido Demócrata.
Kennedy atacó la política imperialista francesa, pero esta política comenzó a cambiar. Después de que Charles de Gaulle llegó a ser Presidente de Francia en 1959, él reconoció la futilidad de las guerras coloniales de ultramar y trabajó para garantizar la independencia de Argelia. De Gaulle empezó a retirar a Francia de su alianza imperial con los británicos.
Kennedy ahora se enfocó crecientemente en la totalidad de África: en la lucha de los africanos negros por su independencia para escapar de centurias de atraso y miseria forzados por los europeos. Él buscó y ganó la presidencia de la Subcomisión para África de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado.
A la presidencia
En su rol de líder político estadounidense antiimperialista único, el mundo exterior lo conocía mejor que la mayoría de los estadounidenses cuando empezó su carrera para la Presidencia.
Durante aquella campaña de 1959-60 se reunió con el Presidente nacionalista de Guinea, Sékou Touré, y llegó a ser su confidente cercano.
Más importante, Kennedy abrió canales de comunicación con el Presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, el padre del nacionalismo africano. El candidato JFK se reunió con el ministro de Economía de Ghana y con el representante de Ghana ante las Naciones Unidas.
En 1957 Nkrumah había dirigido en Ghana la primera rebelión anticolonial africana negra exitosa, contra el dominio británico; en 1958, Touré le siguió los pasos al independizar a Guinea de Francia.
Kennedy atacó la política de Estados Unidos posterior a Roosevelt de demonizar a Nkrumah y Touré como neutrales en la Guerra Fría, empujándolos así hacia el bloque soviético.
África estaba políticamente en llamas: durante la campaña presidencial de Estados Unidos en 1960, trece países africanos negros conquistaron su independencia de Francia; Gran Bretaña reconoció la independencia de Nigeria y Somalia.
Bélgica le dio a la República del Congo una independencia nominal, pero los financieros y la inteligencia británica organizaron un intento de secesión armada en la provincia congolesa de Katanga, donde se ubicaba la inmensa mina de uranio y cobre de la compañía belga-británica Union Minière, valiéndose de mercenarios blancos procedentes de su vecina Rodesia del Norte.
Nkrumah compartió con Kennedy dos preocupaciones urgentes: las intrigas imperiales contra el nuevo Primer Ministro del Congo, Patricio Lumumba, seguidor político de Nkrumah; y su plan de construir una gran presa para industrializar Ghana y electrificar todo el oeste de África.
El candidato presidencial Kennedy usó África para desafiar el orden mundial "angloamericano", que se había establecido sobre el cadáver del Presidente Roosevelt.
Kennedy les dijo a los estudiantes de Stanford en 1960: "Llámenlo nacionalismo, llámenlo anticolonialismo..., África está atravesando por una revolución... Los africanos quieren un nivel de vida más alto. El 75% de la población vive hoy de la agricultura de subsistencia. Ellos quieren una oportunidad para manejar y beneficiarse directamente de sus recursos de su tierra y del subsuelo... Los pueblos africanos creen que la ciencia, la tecnología y la educación disponibles en el mundo moderno pueden ayudarlos a vencer en su lucha por la existencia... que su pobreza, miseria, ignorancia y enfermedades se pueden superar... El equilibrio de poder está cambiando... a las manos de los dos tercios de la gente del mundo que quieren compartir lo que el otro tercio da por un hecho..."
La plataforma electoral de Kennedy hacía un llamado a un marcado incremento en el poderío industrial, científico y militar de Estados Unidos, a una paz negociada con la Unión Soviética y a elevar a la humanidad para salir de la pobreza y la guerra.
Cuando Kennedy ganó la campaña de 1960, como Presidente electo envió representantes a África para anunciar el retorno de Estados Unidos a la soberanía nacional, para nosotros y para los demás. El equipo de Kennedy reportaba que las multitudes de africanos en todo lugar coreaban "¡Kennedy!, ¡Kennedy!, ¡Kennedy!".
Durante la campaña presidencial y en los primeros días de su gobierno, los enemigos de Kennedy maniobraron para arrinconarlo y destruirlo.
Mucho antes de la toma de posesión, el director de la CIA Allen Dulles tramó una demente invasión militar a Cuba por una fuerza de 1,400 exilados del régimen comunista de Fidel Castro. Este plan se lo aventaron al nuevo Presidente como chantaje: se le dijo a Kennedy que si no aprobaba la invasión, las fuerzas exiliadas se desbandarían en Estados Unidos y decepcionadas y enfurecidas se desplegarían políticamente contra él. Dulles aceptó la condición de Kennedy de que las fuerzas armadas de EU no participarían, pero le mintió a los exiliados que su desembarco tendría respaldo militar.
Con la connivencia de Dulles y el puesto del Servicio Secreto británico en Daphne Park, en el Congo, el primer ministro Lumumba fue asesinado de manera encubierta. El crimen se ejecutó solo tres días antes de la toma de posesión de Kennedy el 20 de enero de 1961, a sabiendas de que Kennedy, como Presidente, no lo permitiría.
Contrariamente a la bien conocida política de JFK hacia la independencia de Argelia, la CIA dirigida por Dulles colaboró con los fascistas franceses que se resistían a la paz de De Gaulle con los rebeldes árabes.
Antes y después de las elecciones, los retiros y especulación con el oro dirigido por Londres amenazando al dólar pusieron presión a los planes de Kennedy para el desarrollo económico nacional soberano y lo forzaron en la elección de su gabinete: esta fue la "influencia decisiva para la elección del [banquero internacional C. Douglas Dillon] como secretario del Tesoro... (Kennedy) tenía también alguna evidencia para respaldar sus sospechas de que los sombríos rumores que desencadenaron los retiros de oro de 1960 los habían propagado deliberadamente los banqueros estadounidenses para avergonzarlo políticamente".[5]
Una vez en el cargo, Dillon informó a Kennedy que se deberían reducir los programas de su presupuesto para apaciguar las dudas de los banqueros extranjeros con relación al dólar.
Cuando Kennedy y el mundo supieron del asesinato de Lumumba a mediados de febrero, se culpó del mismo a Estados Unidos y a Kennedy.
La invasión de Bahía de Cochinos del 17 a 19 de abril fue un fiasco terrible y una vergüenza para el nuevo Presidente.
El golpe de Estado de Argel del 21 al 26 de abril, el fracasado intento de golpe de Estado de los generales fascistas franceses contra el presidente De Gaulle, ocurrió una semana después de que un representante de Allen Dulles en Madrid había asegurado al general golpista que EU reconocería su nuevo gobierno, si ellos derrocaban a De Gaulle para detener la independencia de la Argelia árabe.
La inteligencia británica y la facción de los hermanos Dulles ahora manejaban conjuntamente un aparato de asesinos e insurgentes en toda Europa, Asia, África y el Caribe.
A fines de abril, Kennedy hizo saber que esta situación era intolerable, que la CIA era desleal y constituía "un estado reaccionario dentro del Estado".[6] Pronto Kennedy despidió a Allen Dulles junto con los directores adjuntos de la CIA Richard Bissell, un protegido de Harriman, y Charles Cabell, hermano del alcalde de Dallas.
En los dos años siguientes, la Organización del Ejército Secreto (OAS, por sus siglas en francés), basada en Argel y Madrid, asesinaron al aliado italiano de Kennedy, el industrialista Enrico Mattei, e hicieron varios intentos descarados para asesinar al presidente De Gaulle que acapararon los titulares de las noticias.
Toma de posesión y acción
El discurso de toma de posesión de Kennedy estuvo enteramente dedicado a reafirmar el legítimo lugar de Estados Unidos en el mundo. De inmediato comenzó dando marcha atrás a la entrega nacional que había convertido a los gobiernos estadounidenses bajo Truman y Eisenhower-Dulles, en los encargados de hacer la voluntad de Londres y su anexo de Wall Street.
Se enviaron embajadores de JFK a todo el mundo subdesarrollado, y, por primera vez, a cada Estado africano. El Presidente le dijo a cada embajador: Usted (y no la CIA) está a cargo de la misión en el país donde está acreditado, y no están para hacer deferencias a los imperialistas europeos.
El día que supo del asesinato imperialista de Lumumba, el 13 de febrero de 1961, Kennedy emitió un secreto Memorándum de Acción de Seguridad Nacional (NSAM) 16, ordenando, en contra de la política previa, que la ayuda de Estados Unidos a "las zonas recientemente independientes" sería proporcionada independientemente "del apoyo de Europa occidental... cuando quiera que tal acción sea en interés de Estados Unidos".
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