Overblog Todos los blogs Blogs principales Política
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a

Publicidad

LA TRINCHERA DEL HONOR

 

ABRIL.jpg

 

En el desigual combate, a los dominicanos les cabía la honrosa gloria de haber comprobado una vez más que los soldados mercenarios del imperialismo son de carne y hueso, y que si venían a matar, bien merecían morir como murieron.

Pedro Conde Sturla


En su discurso del primero de mayo de 1965, Fidel Castro exaltaba con viva emoción la epopeya que en esos momentos los constitucionalistas estaban escribiendo en la tierra de Santo Domingo, a la vez que execraba la intervención del imperio calificándola como una de las acciones más vandálicas, criminales y bochornosas del siglo, una de tantas.

Fidel era joven, la revolución cubana era joven todavía y las ilusiones que suscitaban nos llenaban de esperanza en esa época. Con su voz poco timbrada, más bien aflautada, Fidel describía con admiración e indignación a la vez un suceso que para la mayoría era desconocido.

A saber, que en los primeros enfrentamientos entre combatientes constitucionalistas y soldados del imperio en el puente Duarte, tres infantes de marina y dos paracaidistas yanquis habían muerto, aquí, en Santo Domingo, y más de quince habían sido heridos.

Que en el desigual combate, a los dominicanos les cabía la honrosa gloria de haber comprobado una vez más que los soldados mercenarios del imperialismo son de carne y hueso, y que si venían a matar, bien merecían morir como murieron.

El estruendo de las masas, tanto en  Santo Domingo como en La Habana, duró largos minutos, y en la vastedad de esa noche, oscura como pocas, por primera vez no nos sentimos tan solos y desamparados.

Al día siguiente el imperio desató una ofensiva colosal, avanzando desde el puente Duarte con apoyo de tanques, helicópteros e infantería hacia la zona de la embajada y -con el propósito de crear un corredor de seguridad y dividir la ciudad, dividir nuestras fuerzas, ya de por si menguadas-, se apoderaron de una estratégica franja que garantizaba la comunicación con San Isidro y el aeropuerto internacional.

Casi de inmediato ordenaron a las hordas criollas bajo su mando desatar la terrible Operación Limpieza que en los barrios pobres de la parte norte, y al cabo de fieros combates e infinitas atrocidades, culminó con la derrota de la resistencia, no así de la limpieza que durante varios días seguiría su curso. Casa por casa, se inició una cacería humana.

Centenares de jóvenes moradores de esos barrios, que ni siquiera habían tomado parte en la lucha, por el simple hecho de ser jóvenes eran considerados sospechosos y fusilados sumariamente en las calles. 

Al mismo tiempo el imperio apretaba el cerco en la zona sur y fue empujando hacia atrás, paulatinamente a bombazos, a los constitucionalistas que defendían su espacio con un tenacidad digna de mejor suerte. En el fragor de la contienda se escuchaba por radio la voz  del Coronel Juan Maria Lora Fernández.

La arenga, la proclama, el llamado a la lucha de Lora Fernández se inscribe en una de las páginas memorables de la historia de la dignidad.

“Desde la trinchera del honor” –decía el cojonudo coronel que había estado en todas las trincheras- “los saludo en este día glorioso en que la patria pequeña se agiganta al enfrentar con sus hombres a la fuerza bruta de los Estados Unidos, pero si grande es nuestro enemigo mayor es nuestro arrojo y decisión de salvar a la patria y de volver limpia sin manchas y bochornos la dignidad de su bandera y la pureza de su escudo”.

Al final todo fue un poco inútil y quedamos reducidos al ámbito de la Ciudad Colonial y Ciudad Nueva, unas pocas cuadras al norte y otras hacia el oeste, el mar al sur poblado de acorazados intrépidos, como en el poema de Pedro Mir, y el Ozama al este poblado de artillería infernal.

Así nos convertimos en el despectivamente llamado gobiernito de las veinte cuadras que sin embargo daría mucho que hablar al mundo. Siete mil combatientes mal armados contra cuarenta y dos mil soldados del imperio en tierra y mar. No había muchas posibilidades de vencer, pero la posibilidad de un triunfo, así fuera un triunfo moral, nos embargaba.

Confieso, sin embargo, que a muchos de nosotros la comida nos cayó mal en esos días y frecuentábamos asiduamente el baño, pero permanecimos allí hasta el final, junto a la población civil que nunca nos abandonó.

 

Otros, muchos otros, desaparecieron del mapa de la revolución. Los demás pelearían, aunque fuera simplemente por orgullo, tozudez y orgullo, a las órdenes de un dirigente excepcional que ya se había consagrado como la primera figura entre los militares insurrectos.

Para llenar el vacío constitucional que había dejado el mandatario fugitivo el mismo día de la batalla del puente, fue elegido ese personaje como nuevo presidente y el 4 de mayo fuimos convocados a la toma de posesión frente al Altar de la Patria, allí donde termina la calle El Conde, en el entonces bucólico parque Independencia.

La convocatoria no atrajo a un gran público, quizás un centenar de personas. Los acontecimientos de los días anteriores habían espantado a mucha gente, sin duda, pero la mayoría ni siquiera se había enterado de la noticia.

No obstante, a pesar del escaso público, entendí que estábamos viviendo uno de los grandes momentos de nuestra historia. Frente al Altar de la Patria se habían congregado militares, comunistas, perredeístas, algunos diplomáticos que simpatizaban con la causa, mi querido tío Tomás Rodríguez Nuñez, combatientes haitianos, los legendarios hombres rana y algunos miembros de la cámara de representantes del gobierno de Bosch.

Publicidad
Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post