SANTO DOMINGO, República Dominicana.- El general retirado Rafael Ramírez Ferreira, quien fuera jefe de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), consideró que quienes detentan el poder en la actualidad quieren abatir hasta la independencia espiritual de las personas y hacerles creer que no hay otra alternativa.
Ramírez Ferreira sostiene que hay que resistirse al arrodillamiento. “Reniego someterme a cualquier fuerza humana que intente abrogarse el derecho de la soberanía absoluta y pretenda hacer uso abusivo del poder, en la utilización de los recursos del Estado, para la obtención de la satisfacción de su inflado, pretencioso y acomplejado ego”.
Estos conceptos fueron emitidos en un documento enviado a Acento por Ramírez Ferreira, titulado “Tiempos de campañas, tiempos de apoyos”, que transcribimos a continuación:
Porque… Soy en esencia eso que aún no es
Pero, sé que no soy, lo que veo que otros son.
Por Rafael R. Ramírez Ferreira
“Dios y Satanás son esencialmente Figuras humanas. El primero es una Proyección de nosotros mismos; el Otro, la de nuestros enemigos”.
Bertrand Russell.-
Tiempos de campaña política que abruman, donde los motivos intuitivos penetran descarada y violentamente en nuestra voluntad de decisión que queda vulnerable al torbellino de pasiones creada a voluntad de otros. Mientras, la razón se cansa, se debilita, se niega y cede a proseguir la lucha, abandonando el campo de batalla, claudicando ante el perverso contrario.
Hasta la independencia espiritual cae abatida, creando una tendencia al parecer inevitable de sumisión colectiva ante el mal que nadie ignora y que prefieren arrodillarse ante aquellos que se presentan como únicos salvadores, mientras corrompen el uso del poder, hasta los tuétanos.
Por doquier es apoyo y “apoyo”, que actúan según sus particulares intereses y que cambian al igual que dirigentes y profesionales, tanto en las intenciones y conductas pero, que en la mayoría de los casos, actúan según un principio ahora y luego, otro principio ahorita.
Reniego someterme a cualquier fuerza humana que intente abrogarse el derecho de la soberanía absoluta y pretenda hacer uso abusivo del poder, en la utilización de los recursos del Estado, para la obtención de la satisfacción de su inflado, pretencioso y acomplejado ego. Eso, sin importar el nombre con el cual lo quieran nombrar, es simplemente ilegitimo y radicalmente peligroso.
Sé lo sutilmente peligroso, que en estos momentos significa llevar la contraria, decir lo que digo, porque los engreídos y borrachitos, embriagados de poder hasta la casi locura, no perdonan al que no comulgue con ellos o cometa el gravísimo error de disentir de sus actuaciones y pretensiones, porque se consideran con todo el derecho de castigar, reprimir esta acción, debido a que ellos, solo ellos, están en posesión de la verdad.
Es de ahí, la incertidumbre en los propósitos, en la contradicción insoluble, en la aporía de ciertos y determinados grupos de apoyo. Ninguno de esos “apoyadores” aspira a ser un jefe de una unidad de ética, ni sensor de desempeño moral o profesional, no señor, de Presidente de Junta Directiva pa´lla.
Me incluyo entre los que dicen, que no “soporto” a los que soportan el engaño vil y las propuestas manipuladas para engatusar a los pendejos. No “soporto” los inmorales que crean grupos de “apollo” –asimismo, con doble ele- solo para continuar “empollando”, no los huevos, sino las indelicadezas a las cuales se han acostumbrado tan fácilmente. No “soporto” a todos aquellos que han suplantado los partidos tradicionales, unos para hacerse los lideres y otros para poder llegar a las altas cumbres de lo que sea, siempre y cuando tengan “sustancia”; “menéutica” o buenos presupuestos.
Todo, para dar y dar lo que pertenece al Estado y, como el que reparte y reparte le toca la mayor y mejor parte, prosiga usted imaginándose para qué y porqué es el famoso apoyo, o, mejor como diría el pueblo de abajo, “apollo”, aunque no exista esta palabra, ese mismo que no “soporto”.
Esto nos dice el por qué es un imposible pretender separar el pasado reciente con este opaco presente y, peor aún, aspirar desconocer el ominoso futuro mediato. ¡Sí, señor!