Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
Para redondear la faena de la eficiencia, Gaviria, como lo había hecho con los patronos, obligó a las instituciones financieras a que recauden y pongan a disposición del fisco los tributos generados por las transacciones financieras.
Además, a pesar de que su implementación contradice el mandato constitucional, como ya sabemos, se esmeró en extender el IVA a toda clase de productos, incluyendo los de la canasta básica familiar que habían gozado de exenciones por razones obvias de justicia social y elemental supervivencia.
Desde luego, una vez impuesta la costumbre de tributar por el valor agregado sobre toda clase de productos, bienes y servicios, la tarifa, que apenas era de un 4% y para ítems básicamente suntuarios, ahora va por el 16%; y es suceptible de que la aumenten cuando se les antoje o se los ordenen los amos del Mundo.
Presuntamente, la razón “técnica” sería que también es muy fácil cobrarlo en la fuente, aunque es inconstitucional y agudiza la desigualdad social y la pauperización de las mayorías que, de todas formas, se ven obligadas a consumir, así no sea sino los productos básicos para no perecer de inanición o para no vivir en medio de dolores que puede curar cualquier analgésico, pero que el IVA hace más costosos y, frecuentemente, inaccesibles para quienes no tienen ingresos o son mínimos los que tienen.
Desde luego, la obligación de recaudar y consignar en las arcas oficiales los ingresos del IVA, también se les endilgó a quienes lo perciben en la fuente, pues su eficiencia es ejemplar. Sin duda, todos los que no la han adoptado no tardarán en hacerlo, ya que, además, es una imposición imperialista inspirada en el Neoliberalismo universal.
7/10
* Apoyo a los imprescindibles potentados y despojo de quienes no lo son.
Tal calamidad inicua, que obliga a los más pobres a financiar el presupuesto oficial, se agrava al garantizarles estabilidad jurídica para sus contratos con el Estado, concederles subsidios y eximir de cargas tributarias a los grandes capitales, cada vez más depredadores, poderosos y monopolistas.
O sea, cada vez más alejados de la libre competencia y la libertad de empresa, que serían las grandes conquistas y promesas del capitalismo para la Humanidad sufrida y doliente durante la aterradora Historia.
Se trata de la ilusión frustrada de quienes, llenos de sueños, emigraron (y todavía hay quienes lo siguen haciendo) a la tierra de la libertad y de las oportunidades de progreso e igualdad, la impostora USA, tan absolutamente desigual e injusta con las mayorías desde que la masonería resovió constituirla en su gran “obra” declarando la independencia.
Esto explica que, mientras los grandes potentados son mimados al extremo por el gobierno y la privada FED, las mayoría se vean despojadas de sus hogares y hasta del derecho a estudiar o a recibir atención sanitaria adecuada por cuenta del Estado; lo que equivale a decir, por cuenta de los ingresos aportados por la sociedad que tributa para paliar las diferencias de clase pero cuyos impuestos terminan subsidiando a los CEOs de las grandes compañías y a los demás altos ejecutivos que, gozando de total impunidad personal, las han llevado a la ruina.
Con semejantes injusticias sociales pretenden que los pueblos permanezcan sumidos en la ignorancia y la superstición, para que los potentados puedan seguir aumentando sus fortunas, en una carrera loca que amenaza con extinguirnos.
La justificación para tamaña iniquidad no podemos olvidarla, y estamos obligados a repetirla si aspiramos a entender verdaderamente la realidad que nos agobia, obedece a los exabruptos megalómanos y plutocráticos de la sionista atea Ayn Rand.
Se trata de la madre del Neoliberalismo, cuyo carácter de delirio sionista es tan innegable como las sandeces sostenidas a título de geniales descubrimientos económicos que los gobiernos admiten sin protestar, con miedo reverencial, porque la sicópata inspiradora de sicópatas megalómanos, consideró y postuló que los únicos seres imprescindibles en la sociedad son quienes tienen la posibilidad de ofrecerles empleos a los demás al disponer de la capacidad de inversión suficiente.
Sin duda, es otro sofisma económico de la violadora de los principios más básicos y universales de la economía política desarrollada por los “economistas clásicos”, que, previaente, fueron lesionados por los “economistas vulgares” con teorías como el marginalismo o el monetarismo. Los últimos creyeron que metiéndoles matemáticas a sus absurdas teorías convertían en ciencia sus exabruptos o, al menos, alejaban la disciplina económica de las masas ignaras que dejarían en manos de los expertos su manejo.
Acudiendo a tales absurdos teóricos, realmente de tenor político, sesgado e interesado, la ofensiva ideológica contra los aportes de Adam Smith, David Ricardo y Carlos Marx, adelantada literaria e implícitamente por Ayn Rand en su novela “La rebelión de Atlas” y en numerosas entrevistas y conferencias posteriores, permitió que los aportes sensatos de aquellos sabios reconocidos fuesen negados absolutamente por los “economistas degenerados” de la Escuela de Chicago. Quizás la econometría sea su gran aporte a los galimatías con que los economistas engañan a las masas para que los potentados puedan seguir apropiándose de la mayor parte de las riquezas producidas por el esfuerzo humano.
El Neoliberalismo o Capitalismo Salvaje -como se conocen estas bestialidades de tan amplio recibo y aplicación por toda clase de gobiernos en el Mundo entero-, se guía por los delirios de la sionista cuyos exabruptos, replicados por el espurio Nobel de Economía, Milton Friedman, ahora campean como gran sabiduría que orienta las decisiones de los gobernantes en todos los escenarios posibles, incluyendo los llamados países comunistas.
Desde luego, la academia los considera dogmas admirables que hay que inculcarles a los economistas en formación, a ver si, tan bien dotados y alejados de esas teorías de los grandes y lúcidos maestros, pueden llegar a ministros de hacienda de algún gobierno cipayo.
Desgraciadamente, esas bestialidades tienen aplicación universal en el actual período consumista, que predestina el Fin del Mundo si no corregimos el rumbo a la mayor brevedad para impedir que los vendepatrias sigan definiendo el destino de los pueblos acatando las directrices de los potentados; en particular las de los sionistas comprometidos con Yahvé en su genocida Juicio Final.
Con semejantes postulados histéricos tan deleznables y absurdos -que se hacen pasar como gran sabiduría, engañando y corrompiendo a la juventud que aspira a aprender verdadera economía-, los sionistas y sus aliados dueños de las corporaciones están destruyendo los recursos que podrían sustentar a la especie humana y a muchas más durante siglos. Y a los humanos esclavizados por el consumismo los tienen confundidos, embrutecidos, despojados, sumidos en o amenazados con la miseria y las pestes inminentes, tanto como al borde del cataclismo bélico universal.
No hay dudas de que dichos recursos han sustentado a las sociedades ancestrales, respetuosas del medio ambiente, porque han sabido desarrollar una producción realmente sustentable en vez de dedicarse a destrozar lo que no consumen, de una vez y sin ninguna necesidad, como lo predica, inculca subliminalmente y hace el consumismo irracional dedicado a convertir el Mundo en un basurero.
A propósito, conviene recalcarlo, en Colombia la petrolera Pacific Rubiales, que está destruyendo parte de los Llanos Orientales, se ha dedicado a contrarrestar la mala prensa acudiendo al dogma de que percibido es más real que real, de modo que, a punta de publicidad engañosa, nos quiere convencer de que su labor depredadora es una bendición para la patria, que debemos agradecerle con devoción, admiración y respeto.
Por desgracia, así procede el capitalismo. Por eso, en escasos 200 años de existencia tiene el Mundo al borde del colapso definitivo. Éste es cada vez más difícil de evitar por quien se interese en que no ocurra porque duda de que el consumismo sea algo conveniente que merezca defenderse y promoverse como indicativo de progreso y, mucho menos, como garantía de supervivencia de la especie.