Este es un lugar en cual los hombres y mujeres de orientación política, podrán conocer mi sentido de lucha por una patria mejor y un porvenir más promisorio para nuestros Niños. Como político, hice lo que quizás pocos han hecho para su patria y su partido. Fui el hombre que 1978, desde el centro de información de la 30 marzo, intercepto todas las llamas del Palacio de Gobierno donde estaba Balaguer, y termino con darle el primer golpe de estado telefónico en América Latina. Sacando a
Tales medidas antinacionales y abiertamente pro imperialistas -que su entonces ministro Ernesto Samper Pizano tuvo el valor y la dignidad de criticar públicamente, al menos en lo referente a la apertura de los mercados nacionales a las importaciones- fueron otro golpe mortal a nuestra soberanía económica.
La apertura permitió que los mercados se inundasen de mercancías cuyo precio de venta era inferior al costo de producción para los productores nacionales, lo cual fascina a los consumidores, pero en poco tiempo los pone a llorar, cuando pierden sus empleos porque las empresas criollas no aguantan la competencia, de modo que se arruinan.
Por su lado, la apertura a los capitales foráneos, ofreciéndoles garantías jamás concedidas a los nacionales -a no ser a los grandes potentados, como los Santodomingo o Carlos Ardila Lule o Luis Carlos Sarmiento Angulo y unos cuantos más-, desnacionalizó las empresas fundadas por criollos, tanto industriales como agropecuarias, que habían soportado la ofensiva con que el “águila” les dio el golpe mortal a las grandes empresas colombianas organizadas como sociedades anónimas, que causaban sana envidia en algunos países del sur. Su fracaso no estalló en el gobierno del “pollo” sino en el de Belisario Betancur Cuartas, quien asó, en diciembre de 1985, a los grandes magistrados de la Corte Suprema de Justicia.
A propósito de este último personaje, nacido en Amagá -quien había cobrado fama desde joven, cuando fue ministro del trabajo de Guillermo León Valencia y resolvió eficazmente la huelga de los obreros de Cementos El Cairo, en Santa Bárbara, Antioquia, donde también queda Amagá-, su período presidencial corrió entre 1982 y 1986.
O sea, después del del funesto inspirador del famosos Estatuto de Seguridad que postulaba que los ciudadanos del pueblo eran culpables mientras no demostrasen su inocencia, lo cual fue su gran aporte al Derecho, que lo ha registrado con el sonoro nombre de “doctrina Ñungo”.
En cuanto a este renovador de las doctrinas jurídicas universalmente aceptadas en las sociedades civilizadas, se trata de Julio César Turbay Ayala (1978-82), quien nombró al joven Álvaro Uribe Vélez como jefe de la Aeronáutica Civil durante su inolvidable cuatrienio presidencial.
También es el padre homónimo de quien, como demostración de la lealtad entre politiqueros vendepatrias, fungió de Contralor General durante buena parte de la dictadura furibista, cargo en el que actuó como delincuente y cómplice de los delincuentes que aprovecharon la dictadura para cometer toda clase de delitos, muchos de ellos todavía impunes y hasta ocultos deliberadamente .
Ah, se me olvidaba, la temprana fama de Belisario no sólo se debió a que las iniciales de su nombre coincidían con los de la provocativa francesa y símbolo sexual universal, Brigitte Bardot, sino a que resolvió la huelga de marras ordenando que los camiones cargados con cemento pasasen por encima de los cabeciduros obreros que insistían en acostarse en la carretera para impedirlo, lo cual contó con el beneplácito de la oligarquía y convirtió al amagaseño en héroe del establecimiento, digno de aspirar a la presidencia de la “república” pese a su origen humilde.
Lo curioso es que este genocidio repugnante tampoco se lo ha cobrado la “justicia” colombiana. ¿Será que la internacional lo puede hacer antes de que muera impune, como murió su ministro de defensa, Miguel Vega Uribe, verdadero autor, en alianza con Pablo Emilio Escobar Gaviria, del ataque rabioso al Palacio de Justicia, para quemar los expedientes que lo relacionaban con narcotráfico y asar vivos a los jueces probos que se habían atrevido a investigarlos?
Desde luego, así el coronel Alfonso Plazas Vega comparta apellido con el fallecido general, es injusto que se le endilgue toda la culpa por el aterrador magnicidio, del cual fue el jefe operativo en el inusual escenario de guerra en que convirtieron el Palacio de Justicia, cuando es claro que Belisario asumió públicamente la responsabilidad por tan horroroso crimen, y se negó a acatar las órdenes del presidente de la alta corte, quien pedía el inmediato cese al fuego iniciado por los militares, tanto el de las balas como el de las llamas.
6/10
Muchas de esas grandes empresas creadas por empresarios nacionales a la luz de las políticas de la CEPAL, estaban organizadas como sociedades anónimas en las que invertían con confianza los sectores rentistas de la clase media. Al efecto disponían de tres bolsas de valores convenientemente distribuidas por la geografía nacional en Bogotá, Medellín y Cali, tanto como de abundantes intermediarios, reputados de honrados, que hacían expedita y segura la negociación de acciones.
Ahora está centralizada en una sola bolsa de valores, ubicada en Bogotá y organizada al servicio de los inversionistas extranjeros que, mientras les imponen una contabilidad estandarizada a nivel mundial a las empresas que desean controlar, insisten en fusionar la bolsa con las de países como Perú y Chile, cuyos gobiernos son lacayos de confianza para el Imperio.
Pero, además de arruinar a tantas empresas nacionales, César Gaviria Trujillo, recordando su tradicional muletilla expresada en tono chillón, “ciertamente” facilitó el recaudo de impuestos con la universalización del IVA. También lo hizo al eliminar la necesidad de declarar rentas para muchos pobres con ingresos incipientes.
Según las ideas del candidato mejicano, Gaviria habría procedido así no por lacayo neoliberal sino porque admitió que era más eficiente cobrar los impuestos en la fuente. Esto es, al hacer la transacción o causar el ingreso.
Sería por eso, y no por ampliar la brecha social poniendo a los pobres a sostener al Estado, que la medida también se les aplicó a los asalariados reteniéndoles parte de sus emolumentos y obligando a los patronos a recaudarlos y girarlos al fisco.
Adicionalmente, la eliminación del requisito de presentar declaración de rentas y patrimonio sirvió para que muchos ricos dejaran de tributar directamente por tales conceptos. Esto también parece que beneficia la eficiencia tributaria, pues la elusión y la evasión son muy difíciles de detectar y combatir, de modo que es mejor que los ciudadanos no se vean tentados a cometerlas, y la forma más segura de garantizarlo es quitarles ese requisito de declarar.
Al fin y al cabo, con el correr del tiempo, el gobierno halló una manera expedita de sacarles algo de tributos a los verdaderamente adinerados, no mediante la imposición directa propiamente sino a través del mecanismo de cobrar las transacciones financieras efectuadas por los clientes con cuentas bancarias.
Pero, aún así, los principales castigados con la medida no son los grandes potentados sino las clases medias y las pobres que han sido bancarizadas.
En consecuencia, la tributación de los potentados sigue siendo marginal, como lo piden los republicanos en USA, amparados en las doctrinas sionistas del Neoliberalismo elaboradas a partir de las alucinaciones y los delirios de la novelista y filósofa rusa, nacionalizada como usana, Ayn Rand, como sabemos y tenemos que repetirlo para que los que no lo sepan lo aprendan y no lo olviden, pues lo que está en juego es valioso para todos, y a todos nos incumbe.